
Las fuerzas especiales de Estados Unidos capturaron a Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 en Caracas, durante la operación militar «Determinación Absoluta».
Esta acción, liderada por el presidente Donald Trump, no solo descabezó el régimen chavista en Venezuela, sino que también expuso la fragilidad del eje Caracas-La Habana, dejando al Partido Comunista cubano sin su principal fuente de petróleo subsidiado.
Maduro, acusado de narcotráfico y violaciones a los derechos humanos, fue trasladado a Nueva York para enfrentar cargos federales, marcando el fin de una era de impunidad para regímenes socialistas que han sumido a sus pueblos en la miseria.
La captura de Maduro ha interrumpido drásticamente los envíos de crudo venezolano a Cuba, que en 2025 promediaban unos 27.000 barriles diarios, cubriendo una porción vital de las necesidades energéticas de la isla.
Cuba requiere alrededor de 110.000 barriles diarios para operar normalmente, produciendo solo 40.000 internamente, lo que ha agravado una crisis energética crónica con apagones prolongados que afectan hasta el 54% del país.
Sin el petróleo chavista, el régimen cubano se enfrenta a un colapso inminente, con reservas que apenas duran días y una infraestructura obsoleta que no resiste la escasez.
Esto podría llevar a una paralización total de la economía, exacerbando la escasez de alimentos, medicinas y transporte, y demostrando el fracaso absoluto del modelo comunista implantado por los Castro.
En respuesta desesperada, el gobierno cubano recurrió a compras de emergencia en África.
El tanquero MIA GRACE zarpó el 19 de enero de 2026 desde Lomé, Togo, cargado con aproximadamente 17.000 toneladas de diésel o fueloil, con destino a La Habana y llegada estimada para el 4 de febrero.
