Yolanda Medina Carrasco ; Está clarito: ni para Diosdado ni para ninguno de sus compinches importa que Venezuela esté en ruinas.

Parece ser que, la única preocupación que tiene estos días el capitán Cabello consiste en “quebrarle el orgullo a María Corina”, como él mismo dice.
Llevarla de rodillas a las oficinas de la cuidadora del hijo dañado de Hugo Chávez a pedir cacao en el TSJ para su rehabilitación.
Eso le arranca sonrisas y le da muchísima alegría a uno de los más connotados hampones de “eso” que allá ellos llaman revolución.
Está clarito: ni para Diosdado ni para ninguno de sus compinches importa que Venezuela esté en ruinas.
Que otro año más, otro diciembre más, el venezolano no tenga en su mesa ni pernil, ni hallacas, ni tampoco tenga para el Niño Jesús.
Es que para Diosdado, y para todos ellos, con tratar de vender el mismo cuento sin pies ni cabezas de los supuestos logros de la revolución bolivariana, resulta ser más que suficiente para la gente, que con esas mentiras mal contadas la gente no seguirá perdiendo la vida en las carreteras y autopistas lunares, que son las que quedan en el país.
Que con recordar y venerar al supremo comandante, ese mismo que fue incapaz de “comandar” algún golpe de estado exitoso, los venezolanos pueden aspirar a pagar todo lo que necesitan comprar en dólares, con los bolívares que cobran por sus sueldos y jubilaciones.
¿Qué le puede importar a ese infeliz y al resto de su pandilla que en Venezuela no haya trabajo, ni luz, ni agua, ni que los muchachos tengan o no tengan con qué ir a la escuela?
¿Que el país parezca una foto vieja, una estampita desgastada de lo que pudo haber sido y no es?
Nadie acomoda ni inventa la realidad. Que se trate es otra cosa. El asunto es que en plena Era del Conocimiento y de la Información, es imposible mantener los embustes en el tiempo. Como ocurre en Corea del Norte.
Meten presos a aquellos que no lloren de verdad y con sentimiento cuando se les muere el dictador de turno. Pero todos saben, todo el mundo sabe que aquello es un desastre, un infierno sobre la Tierra para la gente de a pie.
Quizás a Diosdado, con la rabia que le tiene a María Corina, le basta y le sobra. Lo que pasa es que para todo un país eso no es suficiente para desear ardientemente que todos ellos desparezcan del mapa.

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

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