La deuda de EEUU roza los 40 billones de dólares y amenaza con encarecer el dinero en todo el mundo

El creciente costo de los intereses, los déficits estructurales y las mayores rentabilidades de los bonos elevan los riesgos para la economía estadounidense y pueden trasladar la presión financiera al resto del planeta.

FED

La deuda de EEUU se aproxima a los 40 billones de dólares mientras los intereses de la deuda y el déficit fiscal disparan las necesidades de financiación. El problema trasciende a Washington porque los bonos del Tesoro siguen siendo la principal referencia para el precio del dinero mundial.

La deuda federal estadounidense ha entrado en un territorio hasta hace pocos años difícil de imaginar. El Tesoro contabilizaba el 12 de agosto una deuda bruta de alrededor de 39,91 billones de dólares, de los que aproximadamente 32,18 billones de dólares correspondían a deuda en manos del público y otros 7,74 billones de dólares a posiciones entre organismos del propio Gobierno.

La cifra coloca a EEUU a las puertas de superar oficialmente los 40 billones de dólares de deuda federal, pero el problema no está únicamente en cuánto debe la primera economía mundial. El verdadero foco de preocupación se encuentra en cuánto cuesta financiar esa deuda, a qué ritmo continúa aumentando, quién comprará las nuevas emisiones y qué consecuencias tendrá para una economía mundial cuyo principal activo refugio continúa siendo precisamente el bono estadounidense.

El riesgo no está únicamente en el tamaño de la deuda, sino en que los intereses crezcan más deprisa que la capacidad fiscal de EEUU

La factura de la deuda de EEUU continúa aumentando

El deterioro presupuestario se ha acelerado durante el ejercicio fiscal de 2026. Entre octubre y julio, el déficit de EEUU acumuló aproximadamente 1,799 billones de dólares, superando ya los 1,775 billones de dólares registrados durante todo el ejercicio fiscal anterior.

Solo en julio, el agujero presupuestario alcanzó 432.308 millones de dólares, el mayor déficit registrado para ese mes, mientras el gasto federal ascendió a 766.318 millones de dólares.

Parte del fuerte desequilibrio de julio estuvo condicionado por el calendario de determinados pagos federales y por las devoluciones relacionadas con los aranceles, que redujeron los ingresos aduaneros. Sin embargo, incluso descontando estos elementos extraordinarios, las cuentas públicas estadounidenses continúan mostrando un desequilibrio estructural considerable.

Indicador fiscal Magnitud aproximada
Deuda federal bruta 39,91 billones de dólares
Deuda en manos del público 32,18 billones de dólares
Deuda intragubernamental 7,74 billones de dólares
Déficit acumulado en el ejercicio fiscal 2026 hasta julio 1,799 billones de dólares
Intereses netos acumulados hasta julio 931.000 millones de dólares
Déficit únicamente en julio 432.308 millones de dólares
Gasto federal únicamente en julio 766.318 millones de dólares

Los intereses netos de la deuda alcanzaron aproximadamente 931.000 millones de dólares en los diez primeros meses del ejercicio fiscal. La factura financiera se ha convertido así en uno de los grandes capítulos del presupuesto federal y absorbe una proporción cada vez mayor de los ingresos públicos.

Cada subida permanente de las rentabilidades obliga al Tesoro a refinanciar progresivamente una parte mayor de su deuda a tipos más caros

Bank of America pone el foco en los bonos

Michael Hartnett, estratega de Bank of America, ha convertido este escenario en uno de los pilares de su estrategia denominada “Anything But Bonds”, o “cualquier cosa menos bonos”.

Hartnett calcula que la deuda estadounidense podría alcanzar los 50 billones de dólares en julio de 2029, lo que supondría añadir aproximadamente otros 10 billones de dólares al endeudamiento federal en menos de tres años.

La advertencia adquiere especial relevancia porque el Gobierno debe refinanciar constantemente títulos que vencen y colocar al mismo tiempo nueva deuda para financiar el déficit. Cuanto mayores son las rentabilidades exigidas por los inversores, mayor es la cantidad del presupuesto que termina absorbida por los intereses.

El mercado ya está dando señales de esa presión. Las rentabilidades de los bonos estadounidenses a largo plazo se mantienen en niveles elevados y las nuevas emisiones del Tesoro están obligando a Washington a pagar intereses considerablemente superiores a los habituales durante buena parte de la década pasada.

En una reciente subasta de deuda a 30 años, el Tesoro colocó 25.000 millones de dólares con una rentabilidad del 5,22%, uno de los costes más elevados registrados en este tipo de emisiones en aproximadamente un cuarto de siglo.

La demanda siguió siendo suficiente para absorber la colocación, lo que demuestra que EEUU continúa teniendo una enorme capacidad de financiación. El problema es que mantener durante años unos tipos elevados convertiría el servicio de la deuda en una carga fiscal progresivamente mayor.

EEUU conserva una enorme capacidad para endeudarse, pero esa ventaja resulta progresivamente más cara de mantener

Hipotecas, empresas e inversión: el riesgo dentro de EEUU

Cuando sube la rentabilidad de los bonos del Tesoro, sus efectos terminan extendiéndose por prácticamente toda la economía estadounidense. Los rendimientos de la deuda pública funcionan como referencia para hipotecas, préstamos empresariales, bonos corporativos y numerosas operaciones financieras.

Un Tesoro obligado a absorber cantidades crecientes de ahorro privado puede competir además con las empresas por el capital disponible. Este denominado efecto de desplazamiento puede incrementar el coste de financiación empresarial y reducir la inversión productiva, especialmente cuando los déficits permanecen elevados incluso en ausencia de una recesión.

El segundo problema es estrictamente presupuestario. Cada dólar destinado a pagar intereses deja menos margen para financiar infraestructuras, defensa, sanidad, educación, reducciones de impuestos u otras políticas públicas.

Una deuda pública cada vez mayor también reduce la capacidad de Washington para responder con grandes estímulos fiscales cuando llegue la próxima recesión o aparezca una nueva emergencia económica.

Las proyecciones presupuestarias muestran que la deuda en manos del público puede continuar creciendo con fuerza durante la próxima década, mientras los intereses absorberán un porcentaje progresivamente superior de la economía.

Indicador fiscal 2026 2036
Deuda en manos del público sobre PIB 100,6% 120,2%
Intereses netos sobre PIB 3,3% 4,6%
Déficit federal sobre PIB 5,8% 6,7%

Las estimaciones internacionales son incluso más exigentes cuando se utiliza una definición más amplia de deuda pública. El Fondo Monetario Internacional ha advertido reiteradamente de que los elevados déficits estadounidenses representan uno de los principales riesgos fiscales entre las grandes economías desarrolladas.

Un encarecimiento sostenido de la deuda estadounidense puede trasladarse a Europa, los países emergentes, las divisas y el crédito mundial

Por qué la deuda de EEUU es también un problema mundial

El impacto internacional potencial de la deuda de EEUU es mucho mayor que el de cualquier otro emisor soberano porque el mercado de bonos del Tesoro estadounidense es el mayor, más profundo y líquido del planeta.

Existen más de 30 billones de dólares en títulos del Tesoro negociables, una dimensión que ninguna alternativa soberana puede igualar actualmente.

Los bonos estadounidenses sirven además como referencia para fijar el precio de numerosos activos financieros mundiales. Por eso, cuando aumenta su rentabilidad, el coste del dinero puede subir también fuera de EEUU.

La consecuencia para Europa es especialmente relevante. Si un inversor puede obtener una rentabilidad más elevada comprando bonos estadounidenses considerados prácticamente libres de riesgo de crédito, las emisiones europeas deben ofrecer rendimientos suficientemente atractivos para competir por ese mismo capital.

La presión puede terminar elevando el coste de financiación de gobiernos, bancos y empresas de la eurozona y, por extensión, afectar también a España.

Canal de transmisión Riesgo para EEUU Riesgo para la economía mundial
Rentabilidades del Tesoro Hipotecas y crédito empresarial más caros Aumento de tipos soberanos y corporativos
Déficit persistente Menor margen fiscal Condiciones financieras mundiales más restrictivas
Fortaleza del dólar Presión sobre exportadores estadounidenses Mayor coste de deuda denominada en dólares
Debilidad del dólar Riesgo de inflación importada Pérdidas para tenedores extranjeros
Caídas de los bonos Pérdidas en bancos, fondos y aseguradoras Volatilidad en activos utilizados como garantía
Menor confianza fiscal Prima de riesgo superior Reordenación de reservas y flujos internacionales

El riesgo es especialmente sensible para las economías emergentes endeudadas en dólares. Una combinación de rentabilidades estadounidenses elevadas y un dólar fuerte puede encarecer simultáneamente la refinanciación de su deuda, las importaciones energéticas y numerosas materias primas denominadas en moneda estadounidense.

Una subida de las rentabilidades del Tesoro también puede atraer capital hacia EEUU y provocar salidas de dinero de países considerados más arriesgados, depreciando sus monedas y obligando a sus bancos centrales a mantener tipos de interés más elevados.

La gran protección de EEUU continúa siendo que el mundo todavía necesita dólares y bonos del Tesoro como reserva y activo seguro

El dólar mantiene una ventaja difícil de sustituir

El escenario tampoco debe confundirse con una pérdida inmediata de la condición de activo refugio de los bonos estadounidenses.

El dólar continúa representando alrededor del 57% de las reservas oficiales de divisas mundiales, muy por delante del euro, que se mueve alrededor del 20%.

El tamaño y la liquidez del mercado estadounidense continúan siendo una ventaja excepcional. Ni el euro, ni el yen, ni el yuan cuentan actualmente con un mercado de activos públicos suficientemente grande, homogéneo y líquido como para sustituir rápidamente al Tesoro estadounidense.

Precisamente por ello, el mayor riesgo no es necesariamente que los inversores abandonen de repente la deuda de EEUU, sino que comiencen a exigir una prima de rentabilidad estructuralmente superior para seguir financiándola.

Una variación aparentemente pequeña del coste medio de financiación puede producir enormes consecuencias cuando se aplica sobre una deuda cercana a 40 billones de dólares.

Si el coste medio efectivo del endeudamiento federal aumentara solamente un punto porcentual y terminara trasladándose progresivamente al conjunto de la deuda, la factura teórica adicional podría alcanzar cientos de miles de millones de dólares anuales.

El círculo entre deuda e intereses

La dinámica más peligrosa aparece cuando deuda, déficit e intereses comienzan a retroalimentarse.

El Gobierno emite deuda para cubrir el déficit. Las nuevas emisiones aumentan la oferta de bonos. Si los inversores exigen mayores rentabilidades, aumenta el coste de los intereses. Ese gasto adicional agranda nuevamente el déficit y obliga al Tesoro a emitir todavía más deuda.

El fuerte crecimiento de las necesidades de financiación estadounidenses puede así convertirse en un círculo que mantenga elevados los tipos de interés a largo plazo incluso si la Reserva Federal empieza a reducir los tipos oficiales.

Esta diferencia es fundamental. La Reserva Federal controla directamente los tipos a corto plazo, pero las rentabilidades de los bonos a diez, veinte o treinta años dependen en mayor medida de las expectativas de inflación, crecimiento, política fiscal y del volumen de deuda que el mercado tiene que absorber.

El verdadero riesgo aparece si los mercados comienzan a exigir permanentemente más rentabilidad para financiar los déficits de Washington

La situación tampoco implica que EEUU esté condenado a una crisis fiscal. Un crecimiento nominal elevado puede ayudar a estabilizar la relación entre deuda y PIB, mientras una moderación de la inflación permitiría reducir los tipos de interés y abaratar gradualmente la refinanciación.

Una combinación de mayor recaudación, menores gastos o reformas presupuestarias podría también reducir los déficits.

El problema es que varias de esas condiciones deben producirse simultáneamente. Una economía demasiado débil reduciría los ingresos fiscales y elevaría determinadas partidas de gasto, mientras un crecimiento apoyado principalmente en una inflación elevada mantendría las rentabilidades de los bonos en niveles altos.

EEUU conserva además herramientas que ningún otro emisor posee a la misma escala: controla la principal moneda de reserva mundial, dispone del mercado financiero más profundo del planeta y emite prácticamente toda su deuda en su propia moneda.

Pero esas ventajas no eliminan la aritmética presupuestaria. Cuanto mayor sea la parte de los ingresos públicos necesaria para pagar intereses, menor será el margen de Washington para financiar otras prioridades, responder a futuras crisis o estimular el crecimiento.

La proximidad de los 40 billones de dólares de deuda no supone por sí misma la llegada de una crisis. Lo que preocupa a los mercados es la trayectoria: déficits elevados, refinanciaciones cada vez más caras y una deuda que Michael Hartnett estima que podría alcanzar los 50 billones de dólares en 2029.

En una economía mundial construida durante décadas alrededor del dólar y de los bonos del Tesoro, cualquier deterioro significativo de la percepción sobre la solvencia fiscal estadounidense difícilmente quedaría limitado a EEUU.