Jorge Enríquez : A 40 años del inicio de la democracia Todos los argentinos le deseamos lo mejor al nuevo gobierno

El presidente electo de Argentina, Javier Milei, salió al balcón de la Casa Rosada para saludar a simpatizantes, hoy en Buenos Aires (Argentina). EFE/Enrique García MedinaEl presidente electo de Argentina, Javier Milei, salió al balcón de la Casa Rosada para saludar a simpatizantes, hoy en Buenos Aires (Argentina). EFE/Enrique García Medina

El 10 de diciembre, al asumir Javier Milei la presidencia de la Nación, se cumplieron cuarenta años desde el inicio de la democracia. En esa fecha de 1983 se puso fin a un largo ciclo de inestabilidad política signado por numerosos gobiernos de facto y por proscripciones.

La etapa iniciada en 1983 tiene sus luces y sus sombras. Entre las primeras cabe destacar que, aunque hubo momentos difíciles y de enorme tensión, las crisis se resolvieron en el marco de la Constitución. El recurso a los golpes de Estado parece estar definitivamente sepultado y hoy nadie piensa, felizmente, en esa opción. Entre las segundas, es indudable que el deterioro económico y social ha avanzado hasta extremos que no hubiéramos imaginado.

Hace una década que la Argentina no crece. Es estancamiento, sumado a altas tasas de inflación, es lo que se conoce como “estanflación”, palabra que Cristina Kirchner usó en una esotérica puesta en escena que divulgó por las redes sociales, mientras caminaba hacia la Asamblea Legislativa como si fuera algo ajeno a ella. No advierte o finge que no advierte que fueron sus desastrosas políticas las que nos condujeron a esta situación.

El efecto de tantos años de desaciertos no fue solo económico y social, sino también político y cultural. Llevó a millones de argentinos a la indignación, al rechazo generalizado del sistema político, a la desconfianza hacia todo lo establecido. Javier Milei es el producto de ese sentimiento. Juntos por el Cambio entró también en la volteada. Era una alternativa racional, sensata, plural, para intentar salir del atolladero, pero muchos optaron por quien apareció como lo nuevo.

Pero no se debe olvidar que el sistema político quedó fragmentado y que el voto “mileísta puro” es el de la primera vuelta, un 30%, porcentaje por cierto muy significativo, que reúne a personas de muy diversas ideologías unidas por el común rechazo al sistema político (la “casta”) . En términos parlamentarios, la representación del nuevo presidente es todavía menor.

Quienes somos parte de partidos y coaliciones que no obtuvieron el triunfo, debemos colaborar constructivamente para que el nuevo gobierno pueda realizar una gestión exitosa. Llega en medio de una gran crisis económica y deberá adoptar medidas contundentes para ir despejando el camino de la estabilidad y el crecimiento. De todos los partidos relevantes, y en especial de Juntos por el Cambio, debe existir generosidad y grandeza. Está en juego el futuro de todos los argentinos.

Ahora bien, esa misma grandeza tiene que ser exhibida por Milei. En ese sentido, las primeras designaciones que ha hecho son positivas y darían la idea de un giro pragmático que debe ser bienvenido. Sin embargo, será necesario explorar acuerdos más amplios que, sin diseñar un gobierno de coalición, favorezcan la gobernabilidad.

Todo lo que implique reducir el déficit fiscal y promover la iniciativa privada, genuino motor de las economías capitalistas, encontrará un eco favorable en una sociedad agobiada por el abuso de un Estado paquidérmico, bobo, prepotente e ineficaz. Pero será imprescindible hacerlo en el marco de la Constitución, sin apelar a constantes ejercicios de facultades legislativas del Poder Ejecutivo.

Todos los argentinos de buena voluntad le deseamos lo mejor al nuevo gobierno y colaboraremos para que queden atrás la decadencia y el estancamiento, la corrupción y la impunidad.

Queremos salir definitivamente de fórmulas encorsetadas. Hoy hay un permiso social para el anclaje de ideas liberales, lo que no implica el otorgamiento de un cheque en blanco. Una sociedad tan golpeada como la nuestra va a estar muy atenta para marcar cualquier desvío del poder y para frenar cualquier desborde institucional si lo hubiera, así como para defender a las autoridades legítimas ante los previsibles ataques y obstrucciones de quienes ya, en forma desvergonzada y antidemocrática, convocan a la “resistencia” y amenazan hasta con cometer actos sediciosos. Habrá que actuar, entonces, con firmeza y sin titubeos, con todo el peso de la ley.

Los argentinos queremos vivir en paz y en orden, al amparo de nuestra Constitución Nacional.

Dr. Jorge Enríquez  exdiputado de Cambiemos

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