Sebastián Spreng : LA IMPRONTA QUE DEJA ‘ART BASEL’

                                  “Pfeil zum Kreis” (1930), del pintor ruso Wassily Kandisnky (1866-1944). Fotografía: Daniel Davis

Si entre junio y noviembre Miami transita la amenaza de huracanes, desde hace más de dos décadas esta temporada se extiende hasta los primeros días de diciembre. A diferencia de aquellos, estos inevitables vientos son de otro tenor, llegan seguro bajo el nombre de Art Basel, la inmensa feria de arte suiza que descendiendo como nave madre ha transformado el panorama artístico miamense, o al menos eso parece.

Para esta edición 2023, en el remozado Convention Center de Miami Beach, se contó con la participación de 277 galerías que concitaron casi 80,000 visitantes en un fin de semana largo que comenzó el miércoles 6 de diciembre con la concurrida apertura VIP. Al mismo tiempo, ferias satélites aprovecharon la ocasión instalándose en ámbitos diversos siendo la mas notable la pionera Art Miami establecida mucho antes del advenimiento de su poderosa hermana europea. 

A su vez, los museos de la ciudad afilan la puntería para lucirse con lo mejor de su año. Merecen destacarse al artista local Hernan Bas en el Bass Museum of Art de Miami Beach con su flamante serie “Los conceptualistas” al igual que el cubano Alejandro Pineiro Bello en el Rubell Museum además de las exposiciones de Gary Simmons con 70 obras y la primera del miamense Jason Seife con sus filigranados “mosaicos persas” en el Perez Art Museum Miami (PAMM), también Sasha Gordon en el ICA Miami y el flamante Espacio 123, otros de los emprendimientos museísticos que han revitalizado barrios otrora marginales como Wynwood y Allapatah.

Este año, la feria madre volvió  a dividirse en sectores agrupando las diferentes tendencias (Meridians, Positions, Kabinett, Survey, Nova y el central de galerías) apreciándose la más amplia y despojada para mejor circulación y comprensión del visitante. Como viene notándose en ediciones anteriores se reduce la presencia de popes actuales (léase Kiefer, Richter, Kentridge, etc), hay menos experimentación (amén de que haya sectores dedicados a este renglón) y una tendencia mas conservadora que quizás posibilita mayores ventas. 

“Dans la tour” (1952) de la pintora ítalo-argentina Leonor Fini (1907-1996). Fotografía: Daniel Davis (cortesía)

La frondosa cobertura internacional no deja de destacar desde la desmesurada cantidad de “eventos” imposibles de abarcar y que en definitiva provocan retracción por agotamiento, a los acuciantes problemas de tráfico y estacionamiento (la ciudad no da abasto, no parece preveerlo y no da señales de estar en vías de solución) a fiestas multitudinarias a todos los niveles; de hecho, un titular reza “Cómo vender arte a ricos, famosos y borrachos”.

Mucho más optimistas resultan renglones emergentes como el arte africano en varias vertientes – exquisita instalación del jamaiquino Ebony G. Patterson y sus gigantescos collages -, el que Miami sea el tan obvio como obligado punto de encuentro con artistas latinoamericanos y la reconsideración- o en algún caso “descubrimiento”- de importantes figuras del pasado reciente.

En este sentido, entre lo mas destacable de esta edición se halla Leonor Fini que a treinta años de su muerte parece gozar de una merecida revalorización. La surrealista ítalo-argentina fue una multifacética artista pionera y su inclusión en la feria con importantes trabajos fue uno de los hitos incontestables (Weinstein Gallery). Asimismo, la fantástica obra del brasileño Chico da Silva (1910-1985) con su imaginería indígena fue otro soplo de aire fresco que aportó exuberancia amazónica, solidez e interés al panorama internacional (David Kordansky Gallery).

No faltaron los consabidos Picasso, Bacon, Kandinsky, Basquiat, Chagall, Nevelson, “Plantoir Red” de Claus Oldenburg o la ya tradicional presencia de galerías como Acquavella, Gagosian, la florentina Tornabuoni o White Tube con sus artistas exclusivos. Deleitó una infinita trama de oro por Yakoi Kusama, el Purgatorio de Tacita Dean, un austero Pierre Soulages en Karsten Greve – que también mostró una serie de bellísimos trabajos de la inglesa Georgia Rusell-, la rubenesca Bacchanalia de Flora Yukhnovich y los minuciosos, fascinantes tapices de la gran Howardena Pindell. 

“Urutatú” (1983), del pintor uruguayo José Gamarra. Fotografía: Daniel Davis (cortesía)

Del mismo modo, imposible no reparar en la  detallada obra de Charles Gaines (Hauser & Wirth) o en las exquisitas series mínimas del brasileño Paulo Pasta (1959-) en David Nolan ni  la presencia americana con varios Cy Twombly frente a clásicos Milton Avery. Asimismo, desde el cono sur igualmente vale resaltar la sala Luis Tomasello (en DAN), Cruz Diez, Aizemberg, Xul Solar, o los estupendos Figari, Gamarra, Gurivch y Torres Garcia de la impecable Galeria Sur uruguaya.

Por poco, demasiado poco tiempo, apenas una semana, Miami se siente orgullosa “Reina por un día”. Coleccionistas, aficionados o meros curiosos aprovechan una experiencia visual cosmopolita sin reparar que en vez de ARTE per se, asista al despiadado “negocio del arte”. Un voraz mercado de piezas de diferentes valía artística y económica que no obstante va dejando una leve pero firme impronta en esta joven ciudad. 

Valga el ejemplo de la hija de una amiga que literalmente ha crecido con Art Basel; cada edición su madre le propuso el juego de seleccionar una obra que compraría, otra que no y otra que quizás ella misma pudiera ejecutar. Su entusiasmo ha crecido año tras año a tal punto que este 2023 acarreó toda su clase guiándose bajo la misma premisa. 

El arte permea y se decanta solo, sus caminos son sinuosos e insólitos, no en vano el pintor romántico alemán Caspar David Friedrich afirmaba que «El arte es un juego, pero el más serio de los juegos».

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