China da pasos para tomar cartas en la invasión a Ucrania, en favor de Rusia

 

El aprovisionamiento ilimitado de armas a Rusia que una intervención China supondría pondría en jaque cualquier contraofensiva ucraniana

El ministro de defensa británico, Ben Wallace coincide con Prigozhin, estimando que la guerra durará por lo menos un año más, según declaró el pasado fin de semana durante una visita a Kiev. Hay que tener en cuenta que hay decenas de asesores de inteligencia y fuerzas especiales británicas incrustados en los mandos ucranianos.
El jefe de estado mayor de EEUU, Gen Mark Milley, dice lo mismo. Declaró en una reciente reunión de la OTAN que no ve ninguna perspectiva de que Ucrania pueda recuperar territorio perdido o asestar un golpe decisivo a Rusia en 2023 y duda que la situación cambie hasta el año próximo.
Para entonces, está previsto que lleguen tanques norteamericanos Abrahams, provistos de la más alta tecnología y que se haya entrenado a ucranianos para pilotar cazas F-16 y Typhoon FGR4 británicos, que Washington y Londres están considerando enviar.
De momento están llegando algunas decenas de tanques alemanes Leopardo y otros blindados europeos para fortalecer posiciones ucranianas en Donbass, donde tropas rusas están arrasando la ciudad de Bahamut.
Rusia avanza y maniobra
Parece que Rusia está adelantando su ofensiva al mismo tiempo que maniobra diplomáticamente con China para que el gigante asiático, que hasta ahora ha mostrado reticencia en comprometerse con la aventura bélica de Vladimir Putin, tome cartas en el asunto y brinde apoyo militar a Moscú.
Se prevé la formación de un gran bloque euroasiático que controlaría Pekín debido a la creciente dependencia económica y ahora posiblemente militar de Rusia con China, debido al aislamiento de Moscú por sanciones de Occidente.
Desde que empezó la guerra, el intercambio comercial entre Rusia y China se ha incrementado en 34%.
Empresas chinas están desarrollando numerosas industrias estratégicas en Rusia abandonadas por empresas europeas y a aprovechándose de los vastos recursos energéticos, minerales y agrícolas de su vecino.

 

En declaraciones a la cadena CBS el domingo 26 de febrero, el director de la CIA William Burns dijo que China “está considerando el envío de ayuda letal a Rusia”.
El secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken, advirtió que envíos iniciales de municiones para fusil y artillería, provenientes de China podrían llegar a más.
Según el periódico alemán Der Spiegel, China contempla el suministro de drones kamikaze, similares a los Shahed-136 ya proporcionados por Irán.
Rusia está planeando fabricarlos en masa mediante proyectos industriales conjuntos con sus principales aliados, como ha informado detalladamente en este rotativo en anteriores ediciones.

Ayuda china

Fuentes en Pekín también hablan de un eventual envío de sistemas de artillería de cohetes, similares a los HIMARS norteamericanos que Ucrania utilizó con gran efectividad para forzar retiradas Rusas de la ciudad de Kherson el año pasado.
El aprovisionamiento ilimitado de armas a Rusia que una intervención China supondría pondría en jaque cualquier contraofensiva ucraniana y facilitaría la implementación de la estrategia rusa de demolición urbana para ganar territorio.

 

China desmiente estar contemplando envíos de armas a Rusia, pero niveles de coordinación militar con Moscú ya son evidentes.
Ha enviado tres buques de guerra a participar en ejercicios navales conjuntos con Rusia y la marina de Sudáfrica, otra potencia regional que deriva hacia su órbita.
El gobierno de Sudáfrica se unió a China, y a más de otros 40 países en abstenerse a votar en contra de la reciente resolución de la ONU condenando la invasión de Ucrania.
Cuba, cuyo gobernante Miguel Díaz-Canel recientemente visitó Moscú y Pekín, también se abstuvo junto con sus socios regionales Venezuela y Nicaragua, quienes propician una actitud cada vez más reacia de parte de gobiernos latinoamericanos, hacia solicitudes de ayuda a Ucrania por parte de EEUU.

 

Mientras abre posibilidades de intervenir militarmente, China ha propuesto un “plan de paz” que implicaría la aceptación por la comunidad internacional de la ocupación rusa del este de Ucrania.
También pide el levantamiento de las sanciones contra Moscú como condicionante a un cese de hostilidades y apertura de negociaciones.
Aunque públicamente descartado por gobiernos de occidente, el ofrecimiento de Pekín abre posibilidades que el líder ucraniano Volodymir Zelensky parece dispuesto a aprovechar.
El día después de que China propusiera su plan, Zelensky expresó deseos de reunirse con Xi Jingping, fijando abril como posible fecha de encuentro.
Al parecer, líderes europeos como el presidente francés Emanuel Macron y el canciller alemán Olaf Sholz están presionado a Zelensky en privado a entablar negociaciones con Moscú y el propio presidente de EEUU Joe Biden dijo en una reciente entrevista por televisión, que quiere “fortalecer la posición negociadora” de Kiev.
Incluso, dirigentes de países del este europeo que más desconfían de Rusia por su amarga experiencia bajo dominio soviético durante la llamada Guerra Fría, empiezan a abogar por la vía negociadora.
Durante la conferencia internacional de Munich la semana pasada el recién elegido presidente de la República Checa y ex comandante de la OTAN, Gen. Pieter Pavel, dijo «podríamos terminar con una situación en que liberar algunas partes del territorio ucraniano, resultaría en más pérdidas de vidas que las que la sociedad pueda aguantar…puede llegar a un punto en que los ucranianos busquen otra solución».

 

“La partición de Ucrania es inevitable”, dijo el experto británico en asuntos rusos y profesor de la Universidad de Kent, Richard Sakwa, durante su intervención en la conferencia.

 

Pero expertos en temas de derechos humanos, influyentes ONG y agencias de la ONU investigando las brutales atrocidades cometidas por el régimen de Putin en Ucrania, temen que consideraciones legales y morales, queden al margen en una negociación guiada por China.

 

Rusificación“La partición de Ucrania es mucho más que una cuestión política o geográfica”, dice un funcionario del gobierno ucraniano quien pidió no ser nombrado, “implica aceptar el destierro de toda una generación en las zonas ocupadas, sometida a programas de rusificación con carácter genocida”.

 

En efecto, se desconoce el paradero de miles de niños ucranianos que han sido arrancados de sus hogares y escuelas por fuerzas rusas para ser supuestamente adoptados en Rusia o reubicados en instituciones estatales en el interior del país euroasiático.

 

Se les otorga documentación rusa y los adoctrinan a rechazar su identidad de origen, bajo improvisados marcos legales denunciados por el UNHCR como contrarios al derecho internacional.

 

Según la Comisión de Derechos de Niños y Rehabilitación, recientemente formada por Ucrania, 14.000 niños han sido llevados a Rusia y solo se conoce el paradero de 370 de ellos.
Se teme que muchos sean víctimas del tráfico humano o ideas de Putin sobre rejuvenecer su población y compensar las bajas de guerra, en su mayoría hombres jóvenes, que ya se estiman alrededor de 200.000.

 

El gobierno ruso pretende hacer ver que está protegiendo a los niños del abandono y sufrimiento en zonas devastadas, pero se ha mostrado poco cooperativo con organismos internacionales intentando localizar sus paraderos y dificulta los esfuerzos de sus padres para recuperarlos.
Tienen que ir a Rusia, cruzando zonas ocupadas sumidas en lucha y arriesgarse a que ellos mismos sean confinados como miles de otros ucranianos adultos que han sido deportados a Rusia.
China ganaría gran peso en Europa si emerge como artífice de una negociación sobre Ucrania pero sería mucho esperar que los gobernantes en Pekín, quienes incurren diariamente en políticas genocidas para someter a minorías religiosas y étnicas como los Uyghurs, se interesen en la limpieza étnica del Donbass.
Recaería sobre Occidente insistir en que se garanticen los derechos humanos de los habitantes de zonas ocupadas y Ucrania podría anteponer la repatriación de sus niños como condición primordial para cualquier negociación.

 

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