A 53 años del Cordobazo :Una historia de lobos y lucha obrera estudiantil.

El Cordobazo fue un ejemplo de solidaridad, de lucha organizada, de pasión por la vida y las ideas, de unidad y creatividad. Un faro que, frente a una derecha cada vez más radicalizada y odiadora, el progresismo y las izquierdas deberán recuperar para construir una sociedad cada día más compañera y hermana.

 

Por Beatriz Chisleanschi

En épocas de odio organizado, de incitación a la violencia, de izquierdas que parecen conservadoras y derechas que se presentan como revolucionarias y transformadoras, es bueno recordar un hecho gestado en la rebeldía por una vida digna y con equidad. Nos referimos al Cordobazo, esa protesta obrera-estudiantil que ocurrió entre el 29 y el 30 de mayo de 1969 en oposición al régimen dictatorial encabezado por Juan Carlos Onganía, y del que, el próximo domingo, se cumplirán 53 años. La particularidad de esta lucha estuvo centrada en la alianza trabajadorxs-universitarixs.

Vencedores vencidos

El gobierno de facto, que había puesto en marcha el plan económico del ministro de Economía, Adalbert Kireger Vasena, suspendió los convenios colectivos de trabajo, congeló los salarios y derogó el «sábado inglés», una ley que establecía el pago doble para cada hora trabajada después de las 13. Dos años después de tomadas estas medidas, la situación era insostenible, el malestar en la clase obrera se sentía en todo el país al punto que las dos CGT nacionales (la de Azopardo y la de los Argentinos) habían decidido ir a una huelga general para el 30 de mayo. En Córdoba, motorizado por el Sindicato de Luz y Fuerza encabezado por Agustín Tosco, y acompañado por Elpidio Torres de SMATA y Atilio López de la Unión Tranviario Automotor, deciden adelantar un día la medida. La consigna consistía en abandonar los puestos de trabajo desde las 10 de la mañana hasta el día siguiente y participar de la movilización local que convocaba la CGT. Es decir, en vez de un paro de tareas por 24 hs, en Córdoba sería de 36.

Con el lema, “A la Universidad de los monopolios y el imperialismo, le oponemos la Universidad del pueblo liberado”, la Federación Universitaria Argentina (FUA) convocaba a lxs estudiantxs a unirse con el pueblo obrero y luchar frontalmente contra la dictadura.

Apenas ejecutado el golpe de Estado de 1966, que impuso a Juan Carlos Onganía, la FUA inició una lucha de oposición y resistencia. Una semana antes ya había anunciado que se venía una asonada militar.

La represión sobre el movimiento estudiantil, fundamentalmente el universitario, fue uno de los objetivos centrales de la dictadura. En el mes de julio la policía decidió desalojar cinco facultades de la UBA ocupadas por estudiantes, docentes y graduados, hecho conocido como la “Noche de los bastones largos” y, en septiembre era asesinado por la represión policial en Córdoba el estudiante y obrero Santiago Pampillón.

Luego de un período de repliegue, en 1968 la FUA organiza un paro nacional que contó con una alta adhesión y en 1969 se desata una lucha incontenible. En mayo se lleva a cabo el Correntinazo donde la represión asesina al estudiante Juan José Cabral y el 21 de junio, el Rosariazo, en esta oportunidad una acción conjunta entre el movimiento estudiantil y el obrero en el que Adolfo Ramón Bello y Luis Norberto Blanco resultaron otras dos víctimas de la represión.

La participación de la FUA en el Cordobazo fue en línea con esas jornadas previas. Para ese 29 de mayo llamó a un paro estudiantil, y en una asamblea, de la que participaron más de 10 mil estudiantes decidieron confluir con las columnas obreras.

Con cerca de 50 mil manifestantes en las calles corre la noticia de la muerte del obrero mecánico Máximo Mena y allí el estallido popular ya se torna imparable. La policía se ve obligada a retroceder, por la noche, planificado por Luz y Fuerza se produce un apagón que logra mitigar la represión y la jornada de lucha se extiende hasta el 30 de mayo.

Respondimos que necesitábamos solidaridad militante. Les hablamos de nuestros trabajadores, de sus aspiraciones, de sus desvelos, de sus sacrificios. Les dijimos que las fogatas que alumbraban las calles de Córdoba surgían desde el centro de la tierra impulsadas y encendidas por nuestra juventud estudiosa y trabajadora y que jamás se apagarían porque se nutren de la vida y de los ideales de un pueblo rebelado contra la opresión que se ejercía sobre él y estaba dispuesto a romperla, pasara el tiempo que pasara. Dijimos la verdad, la verdad de todo lo que queríamos.” –escribía el dirigente Agustín Tosco desde la cárcel relatando los hechos del Cordobazo.

La participación de las mujeresen el diario no hablaban de ti, ni de mí 

¿Acaso alguien puede creer que en una lucha de tal envergadura las mujeres se quedaron en sus casas al cuidado de sus hijxs, o esperando pasivamente el regreso de sus compañerxs que estaban en la calle? Claramente, no, fueron parte de esa gesta histórica, sólo que, una vez más resultaron invisibilizadas y apartadas del relato, tanto escrito como fotográfico.

Fue la investigadora, fotógrafa y periodista cordobesa, Bibiana Fulchieri, quien se dedicó a recuperar la voz y memoria de esas mujeres que también salieron a dar pelea contra la dictadura de Onganía y lo hizo a través de la fotografía. Esta investigación quedó plasmada en el libro El Cordobazo de las mujeres. Memorias, editado por Las Nuestras en el 2018 y en el que se propuso registrar, hacer foco y poner en primer plano la vida y experiencia biográfica de las mujeres protagonistas. El mismo es una continuidad de su trabajo Mujeres desde el Cordobazo hasta nuestros días, una edición del Movimiento de Mujeres Córdoba que había sido publicada en 2006 con el auspicio de la Global Fund For Women.

“Llegó el momento de incorporarlas en la memoria, de ponerles nombres y apellido y, de justificar los 50 años o más, que están en la calle, aún hoy. Para lograr su objetivo de reivindicar las memorias de las mujeres, ni más ni menos que hacerlas visibles a ellas y a su compromiso social, y darles el lugar en la historia, que se merecían y se les había negado”. –expresó la autora a ANCOM en mayo de 2019. (http://anccom.sociales.uba.ar/2019/05/27/el-cordobazo-tambien-tiene-caras-de-mujer/).

Algunas de las protagonistas de esos días han sido: María Lila García; Lila Averna; Ana María Medina Peña; Berta Elorraiga Amaranto; Susy Carranza; Soledad García Quiroga; Ida Heumann; Marta Aguirre; Isabel Guzmán; Marilí Piotti; María Cristina Salvarezza; Dinora Gebennini; Flora Quinteros; Marta Sagadín; Avelina Ferramola; Susana Fiorito; Lucía Fortuna; Reyna Carranza; Laura Sabasta; Ilda Bustos y Patricia López.

No fue fácil para la autora reconstruir la historia de estas mujeres. En nota dada a El Destape cuenta Fulchieri que durante el proceso de búsqueda se dio cuenta que la mayoría de las fotos no tenían la forma del negativo de 35 mm, que habían sido retocadas y recortadas, y que quienes aparecían siempre en el centro enmarcados eran Tosco, López y Torres. No casualmente cuando fue por los negativos de dichas piezas en el archivo del Sindicato de Luz y Fuerza descubrió que en los márgenes de las fotos más conocidas y famosas sobre el Cordobazo se encontraban las mujeres. Una de esas constituye la elegida para ilustrar la tapa de su texto. En el epílogo Fulchieri subraya que “cuando figuran mujeres en las crónicas son presentadas como ‘señoras de’. No hay epígrafes con nombres de pila en las fotos donde aparecen mujeres, y el colmo, tal vez, fue que, en los listados de los detenidos tras el Cordobazo, había varones con nombres y apellidos y ‘una femenina’”. (https://www.eldestapeweb.com/sociedad/feminismo/ni-senoras-de-ni-pasivas-las-mujeres-del-cordobazo–2021529050).

La invisibilización de las mujeres en el relato histórico está fuertemente atada a la construcción de una sociedad sustentada en el binarismo vida privada, doméstica y de cuidado frente a la vida pública. Por esos años las mujeres que trabajaban lo hacían en actividades vinculadas a la docencia, de servicio, comercio o sanidad. Si lograban ejercer su labor en una industria, era textil o de calzado. El ingreso a las industrias y grandes empresas, así como la participación sindical era privativa de los hombres.

El Cordobazo fue un antes y un después también en la incorporación de las mujeres en las luchas obreras en nuestro país.

Frente al odio, un compañero y hermano

En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad soberana del pueblo, partimos esposados a bordo de un avión con las injustas condenas sobre nuestras espaldas. Años de prisión que se convierten en poco menos de siete meses, por la continuidad de esa acción que libró nuestro pueblo, especialmente Córdoba, y que nos rescata de las lejanas cárceles del sur, para que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su Compañero y su Hermano. –cierra su carta Agustín Tosco.

El Cordobazo fue un ejemplo de solidaridad, de lucha organizada, de pasión por la vida y las ideas, de unidad y creatividad. Un faro que, frente a una derecha cada vez más radicalizada y odiadora, el progresismo y las izquierdas deberán recuperar para construir una sociedad cada día más compañera y hermana.