EE.UU

La Administración de Donald Trump anunció este lunes el fin de un programa migratorio especial que evitaba la deportación de miles de haitianos en Estados Unidos. Los cerca de 59.000 beneficiarios del Estatus de Protección Temporal (TPS en sus siglas inglesas) para Haití tienen 18 meses, hasta julio de 2019, para regresar a su país o buscar una alternativa para residir legalmente en EE UU. A partir de entonces, serán considerados inmigrantes indocumentados y podrán ser deportados.

 

La decisión, que se especulaba desde hace tiempo, se enmarca en la política de mano dura migratoria del Gobierno del republicano Trump. Hace dos semanas, la Administración ya anunció el fin del TPS para unos 5.300 inmigrantes nicaragüenses, que disponen hasta enero de 2019 para salir del país o conseguir otro permiso de residencia.

El TPS es un programa creado en 1990 que permite a EE UU conceder visados extraordinarios a ciudadanos afectados por guerras o desastres naturales. Esa definición sirvió para acoger una oleada de haitianos tras el devastador terremoto que azotó en 2010 al país más pobre del Hemisferio Occidental.

 

Ahora, sin embargo, el criterio ha cambiado pese a la presión del Gobierno haitiano para mantener la protección dada la permanente inestabilidad en la isla. “Se determinó de forma general que las condiciones extraordinarias pero temporales que sirvieron como base para la designación de Haití han mejorado suficientemente de tal manera que ya no previenen que los nacionales de Haití puedan volver de forma segura [a su país]”, dijo un alto cargo del Gobierno Trump a la prensa, según informa la agencia Reuters.

La organización progresista Center for American Progress llamó "descorazonadora y poco sabia" la decisión y recordó que Haití ha sufrido en los últimos meses el impacto de los huracanes Irma y María, que golpearon con fuerza la paupérrima isla.

A principios de noviembre, el diario The Washington Post publicó que la Casa Blanca presionó a la responsable interina del Departamento de Seguridad Nacional para que expulsara a 57.000 hondureños y 2.500 nicaragüenses que residen en EE UU bajo el marco del TPS. También lo hacen unos 200.000 salvadoreños. El jefe de gabinete de Trump, John Kelly, llamó a Elaine Duke advirtiéndole de que prolongar la estancia de los ciudadanos centroamericanos amparados en el programa especial “impide la estrategia global” de la Administración.

Duke solo accedió a retirar el TPS para los inmigrantes nicaragüenses y pidió estudiar mejor el caso de los hondureños. La protección a ambos países se aprobó tras el paso del huracán Mitch por Centroamérica en 1998.

El Gobierno Trump ha convertido en bandera la deportación de inmigrantes y el refuerzo de la seguridad fronteriza. El presidente anunció en septiembre el fin del programa DACA del Gobierno de Barack Obama, que concede permisos temporales de residencia legal en EE UU a unos 800.000 dreamers, inmigrantes adultos que llegaron de niños al país. Si no se evita, la directiva finalizará el próximo 5 de marzo. Trump ha decidido pasar el contencioso al Congreso para que decida por ley si blinda a ese colectivo.

J.FAUS

“¡Bievenidos a Nazaret!”, exclama desde algo parecido a una carpintería un joven veinteañero, ataviado como un vecino más del pueblo de Jesús. Cuenta que se llama Ela y está trabajando en la construcción de una casa para su hijo, que se va a casar pronto. A su lado unos señores invitan a entrar en una sinagoga y, más adelante, una mujer vende pescado y relata cómo es la vida en ese rincón del norte de Israel, que parece extraordinariamente hospitalario y guarda una matemática proporción entre negros y blancos. Son algunos de los actores de la cuarta planta del nuevo Museo de la Biblia, abierto al público desde ayer en el corazón de Washington y que, entre otras cosas, recrea la ciudad santa.

El centro, un edificio de ocho plantas que ha supuesto una inversión de 500 millones de dólares (unos 424 millones de euros), pretende presentar el texto de la Biblia y su impacto a lo largo de la historia desde un punto de vista académico y neutral, según sus impulsores. La muestra tiene por puertas una gigante representación de bronce la Biblia de Gutenberg e incluye unos 3.000 objetos, de fragmentos de los Manuscritos del Mar Muerto a una colección abrumadora de ejemplares de la Torá, pasando por la copia que leía Elvis Presley.

El principal valedor —y financiador— del proyecto es un multimillonario de Oklahoma, cristiano evangélico, que lleva al menos desde 2010 coleccionando objetos con este proyecto en mente. Steve Green es dueño de Hobby Lobby, una cadena de tiendas de artes decorativas, y se ha significado a conciencia en las políticas sociales más conservadoras. En 2014 llevó hasta el Supremo la obligación que como empresario tenía de pagar los anticonceptivos, como una parte más de la cobertura del seguro médico de sus empleadas, mandato que emanaba de la reforma sanitaria de Barack Obama. Green se negó, alegando sus creencias religiosas, y ganó la batalla judicial, además de una gran repercusión pública.

Hace unos meses volvió a vérselas con la justicia por algo muy distinto. Hobby Lobby tuvo que pagar una multa de tres millones de dólares (2,5 millones de euros) por haber importado de Irak de forma ilegal miles de piezas de la época mesopotámica, que, además, tuvo que devolver.

Fachada del nuevo museo en Washington, abierto al público desde este sábado.
Fachada del nuevo museo en Washington, abierto al público desde este sábado. REUERS
 

El museo ha dejado claro que ninguna de estas piezas forma parte de la colección. Sí lo hacen otros miles de objetos, algunas auténticas rarezas, como un ejemplar de la conocida como Biblia malvada, otras veces llamada Biblia de los adúlteros o de los pecadores. Data de 1631 y se publicó en Londres con un garrafal error de edición: en el séptimo mandamiento, donde debería decir “No cometerás adulterio”, se comieron ese “no” y sacaron adelante un “Thou shalt commit adultery” que, para disgusto del Rey James, pasó a la historia. El monarca se enfureció, quitó la licencia a esos editores y ordenó destruir todos los ejemplares de aquella obra, pero se salvaron alrededor de una decena. Uno de ellos es el que se puede ver en Washington.

Sin interpretación

Los visitantes caminan a través de una exhibición multimedia titulada 'La Biblia Hebrea' durante una vista previa de los medios, el pasado martes.
Los visitantes caminan a través de una exhibición multimedia titulada 'La Biblia Hebrea' durante una vista previa de los medios, el pasado martes. JIM LO SCALZO EFE
 

El mensaje más repetido por los impulsores es que su enfoque es puramente académico, que no hay intención evangelizadora —“Es una visión periodística de la Biblia”, dijo hace unos días el propio Green—. La cuestión es si es posible presentar el libro sagrado de forma neutra, sin interpretarlo, y sin que afloren intenciones de doctrina. Una parte importante de la macroexposición aborda el impacto del libro sagrado en la historia y se adentra en asuntos como la esclavitud en Estados Unidos, mostrando cómo las escrituras se utilizaron tanto para argumentar a su favor como para fundamentar su abolición. También recoge su papel en la lucha por los derechos de los negros.

Sin embargo, por ejemplo, omite asuntos como su influencia en la imagen de la mujer o la consideración de la homosexualidad, y tampoco toca el tema de la brujería. “Hemos dejado muchas cosas fuera, está claro que un libro que ha impactado a todo el mundo en tantísimos aspectos solo puede cubrir una parte de su influencia y mucha gente echará de menos cosas, pero hemos hecho la selección aconsejados por académicos”, afirma Jeremy Burton, director de comunicación del centro.

CRÍTICAS DE AMBOS LADOS

Cuando empezó a concebirlo, Steve Green se planteaba ubicar el museo en la ciudad texana de Dallas debido a que se trataba de una zona con una gran población creyente, según relató en entrevistas de la época, pero siete años después el centro se ha hecho realidad a escasas manzanas del Capitolio, en la capital estadounidense, una ciudad rematadamente progresista. “Puedo decir que, si bien mucha gente creen que es un proyecto muy religioso, hay otros que critican la poca presencia de Jesús en la muestra. Mientras vengan críticas de ambos lados, está bien”, afirma Burton.

AMANDA MARS

 

400 millonarios americanos le han pedido a Trump que no les baje los impuestos. Argumentan, con razón, que eso provocará un aumento de la desigualdad.

 

No solo fascina saber que haya millonarios tan responsables sino que, además, provengan del país que situó la negativa a pagar impuestos en el origen de una revolución democrática admirada por el mundo entero.

El principio “no taxation without representation” estableció que no se puede imponer a los ciudadanos el pago de impuestos en cuya aprobación no han participado en asambleas democráticamente elegidas. Y como los colonos americanos no enviaban representantes al parlamento británico donde se aprobaban los tributos que luego tenían que pagar, éstos concluían, con razón, que no debían pagarlos. 

El vínculo entre representación e impuestos, presente ya cien años antes en la revolución inglesa, se retrotrae al medioevo (como ha reconocido la Unesco al declarar la Carta Magna leonesa de 1188 como cuna del parlamentarismo). Y sin embargo, hoy está en entredicho. Las democracias atraviesan una crisis de representación muy compleja y que tiene muchos elementos, pero uno de ellos es, sin duda, la erosión de la capacidad de recaudación.

El problema ahora no es que los ciudadanos no elijan a los representantes que fijan sus impuestos, sino que estos representantes cada vez son menos capaces de recaudar los impuestos que se necesitan para llevar a cabo las costosas políticas que son necesarias para combatir la desigualdad y la desafección política.

El trabajo asalariado escasea y las rentas del trabajo están estancadas o en caída. Los Estados compiten entre sí para ofrecer bajos impuestos a los inversores. Los paraísos fiscales permiten a empresas y grandes fortunas evadir tributos. Y las nuevas empresas tecnológicas (Google, Apple, Facebook o Amazon) apenas pagan impuestos. Thatcher y Reagan declararon la guerra al Estado, es decir, a los impuestos. Y van ganando. Los representantes no nos representan, entre otras cosas, porque pueden hacer muy poco con nuestro voto. Así que la vieja afirmación se ha dado la vuelta: sin impuestos no puede haber representación. Por eso algunos quieren pagar. Quien paga exige.

@jitorreblanca

 

Según los mensajes publicados, la plataforma de filtraciones propuso al hijo del hoy presidente estadounidense que divulgara informaciones que pudieran beneficiar tanto a Wikileaks como a la campaña de Trump padre.

Donald Trump Jr., hijo mayor del presidente estadounidense, reconoció hoy que a través de Twitter que intercambió mensajes con Wikileaks a través de esa plataforma el año pasado. "Aquí está la cadena entera de mensajes con @wikileaks (con mis numerosas tres respuestas) que una de las comisiones del Congreso ha elegido filtrar selectivamente", escribió Trump Jr. "¡Qué irónico!", agregó.

Los tres tuits parecen contener capturas de pantallas de mensajes directos con la cuenta @wikileaks, incluidos pedidos de la plataforma a Trump Jr. para que brinde sus opiniones sobre las historias publicadas. También se le pide divulgar la declaración de impuestos de su padre, por entonces candidato. "Hey Don. Tenemos una idea inusual", dice uno de los mensajes de @wikileaks. "Fíltranos una o más de las declaraciones de impuestos de tu padre".

Los mensajes siguientes subrayan el beneficio de hacerlo, tanto para beneficio de su propia campaña como para Wikileaks.

Desde la embajada de Ecuador en Londres, el fundador de Wikileaks, Julian Assange, ofreció su versión de los hechos.

 

I cannot confirm the alleged DM's from @DonaldJTrumpJr to @WikiLeaks@WikiLeaks does not keep such records and the Atlantic's presentation is edited and clearly does not have the full context. However, even those published by the Atlantic show that: 1/

 

EL(dpa, ap)

En el Capitolio de Estados Unidos hay dos congresistas señalados de acosar a las mujeres. Son la punta del iceberg de una cultura silenciada en el Legislativo que denunciaron las congresistas Jackie Speier y Barbara Comstock, alentadas por el movimiento "Me too", que ya ha hecho temblar a Hollywood.

"Hay dos miembros del Congreso, uno republicano y otro demócrata, ahora mismo en activo, que han protagonizado acoso sexual", dijo Speier durante una audiencia este martes ante un comité de la Cámara Baja del Legislativo estadounidense.

 

La congresista no reveló los nombres de los señalados, pero sí denunció "tocamientos", "proposiciones" y exhibicionismo.

"Muchas de nosotras, en el Congreso, sabemos lo que es, porque el Congreso ha sido durante demasiado tiempo caldo de cultivo de un ambiente de trabajo hostil", dijo Speier, quien hace unos días confesó haber sido víctima de acoso sexual en el Capitolio hace años, antes de ser congresista.

Ante el mismo comité, Comstock relató la experiencia de una joven trabajadora del Capitolio que acudió a la casa de uno de los congresistas señalados para entregarle unos documentos. Una vez ahí, el congresista la recibió semidesnudo, solo con una toalla en la cintura que se quitó para mostrarle sus genitales.

El canal CNN confirmó estas y otras acusaciones de acoso sexual con medio centenar de fuentes legislativas, entre congresistas y excongresistas, trabajadores y extrabajadores. "La mitad son acosadores", dijo una congresista bajo condición de anonimato sobre sus colegas varones del Hemiciclo.

Una extrabajadora de la Cámara Baja, también bajo condición de anonimato, afirmó que los hombres "no tienen autocontrol" en un ambiente con "tantas mujeres jóvenes", en referencia a asesoras y estudiantes en prácticas.

Las normas del Capitolio marcan un auténtico camino de obstáculos para las víctimas que quieren denunciar: un proceso que dura más de tres meses, con cláusula de confidencialidad incluida, además de una mediación en la que el victimario está representado por el Congreso y teniendo que convivir con el acosador durante todo ese tiempo. Los eventuales pactos salidos de este proceso para esconder bajo las alfombras del Congreso los casos de acoso son secretos y sufragados con dinero público.

Ante la indefensión del proceso, las mujeres que trabajan en el Congreso han establecido un mecanismo de autodefensa con normas no escritas, como ser especialmente cuidadosas con los legisladores que duermen en sus oficinas o no coincidir a solas con congresistas en ascensores, reuniones nocturnas u eventos bañados de alcohol. También corre de boca en boca una "lista de indeseables" con los nombres de los congresistas propensos a tener un comportamiento inadecuado, de acuerdo con CNN.

Todo esto es algo que quiere cambiar Speier aprovechando el impacto en la sociedad estadounidense que ha tenido el movimiento "Me too" (yo también), con el que millones de mujeres en todo el mundo han denunciado haber sufrido agresiones sexuales.

 

La legisladora presentará hoy un proyecto de ley para detectar, en primer lugar, el "verdadero alcance" del problema.

Speier también quiere eliminar la actual mediación, proveer un mejor apoyo a las víctimas, dotar de transparencia al proceso, sufragar la defensa de los estudiantes en prácticas que denuncien y que los acosadores paguen de su bolsillo los pactos.

Además de esto, el presidente de la Cámara Baja, Paul Ryan, anunció este martes una formación antiacoso para congresistas y trabajadores, medida similar a la adoptada la semana pasada por el Senado.

Con los señalamientos a los dos congresistas acosadores, el movimiento "Me too" logró adentrarse en el Congreso después de haber convulsionado al corazón de Hollywood.

Decenas de mujeres han denunciado en las últimas semanas al poderoso productor Harvey Weinstein por agresiones sexuales de todo tipo, violaciones incluidas.

También han sido objeto de denuncias de acoso y agresión sexual actores como Kevin Spacey, Dustin Hoffman, Louis C.K. y Ed Westwick, así como cineastas como Brett Ratner y James Toback, mitos convertidos ahora en apestados.

EFE

Cuando los supremacistas se reúnen en protestas o marchas, todos se ven sorprendentemente similares: suelen ser hombres jóvenes, agresivos y, por supuesto, blancos.

Rara vez se ve a mujeres en las congregaciones de grupos como el Ku Klux Klan, los neonazis o la llamada Alt-right (derecha alternativa). Pero es un hecho que cada vez hay más en estas organizaciones.

Y tal como asegura una de ellas, "fueron las mujeres de la extrema derecha las que eligieron a Donald Trump".

Ella es Lana Lokteff, la llamada "abeja reina" de las mujeres de extrema derecha en Estados Unidos, la mujer más prominente del movimiento en ese país.

Y es una de las pocas mujeres en ese país que muestran sin reservas su apoyo a las ideologías supremacistas. "No tengo miedo de hablar, ni tengo miedo de usar mi verdadero nombre y por lo tanto mucha gente se está fijando en mí",  dice Lokteff .

Lokteff es miembro de la Alt-right, el movimiento que se opone a la inmigración y el multiculturalismo, que apoya la supremacía blanca y que cobró visibilidad al apoyar la campaña de Donald Trump a la presidencia.

Donald TrumpDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Los miembros del "alt-right" apoyan muchas propuestas que los simpatizantes de Donald Trump aplauden, como la restricción a los musulmanes o la expulsión de inmigrantes.

"Somos el equivalente en Estados Unidos de los nacionalistas europeos, estamos tratando de recuperar nuestra identidad y nuestras raíces europeas", expresa.

"Queremos tener países blancos para gente blanca, en los que nosotros los blancos seamos la mayoría".

"Apoyamos los valores tradicionales y estamos en contra de la globalización, en contra de las fronteras abiertas y de los valores liberales", agrega.

Sus críticos aseguran que es un movimiento racista y misógino.

Polémica e inusual

Lokteff, de piel blanca, cabello rubio y ojos azules, es el prototipo del ideal que promueve.

Lana Lokteff
Lokteff presenta un programa de radio en Red Ice, el conglomerado de comunicaciones que dirige su esposo. Foto cortesía Lana Lokteff.

Para propagar sus ideas nacionalistas presenta un programa de radio en una de las estaciones de Red Ice, un conglomerado de medios de comunicación que dirige su esposo, el sueco Henrik Palmgren.

Ciertamente Lokteff es una figura inusual: las mujeres de los movimientos nacionalistas en Estados Unidos tienden a pasar desapercibidas o son totalmente desestimadas y sus discursos ocurren principalmente en las redes sociales y de forma anónima.

"Ya sabes lo que pasa… si dices abiertamente que eres nacionalista y defiendes los valores de tu identidad automáticamente te llaman nazi, racista, del KKK, y muchas mujeres no pueden manejar estas críticas", le dice Lokteff a BBC Mundo.

"Muchas mujeres sólo quieren tener una vida plácida y no quieren sentirse excluidas por sus puntos de vista. Yo no soy así".

ProtestaDerechos de autor de la imagenREUTERS
A menudo se asocia a los grupos supremacistas blancos con hombres jóvenes y agresivos.

Lokteff afirma que cada vez más mujeres apoyan sus ideas, pero no son visibles porque "operan tras bambalinas".

"No se involucran en política, no resisten las presiones, no quieren que las llamen racistas".

"Pero están allí, son las esposas, madres, hermanas y están apoyando al movimiento. Muchas de ellas escuchan mis programas y lo sé porque recibo muchos mensajes de muchas mujeres nacionalistas en este país".

"No olvidemos que Trump ganó la presidencia gracias al voto de las mujeres blancas nacionalistas".

Esta "pasividad", dice Lokteff "se debe a que la política siempre ha sido el dominio de los hombres".

SpencerDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Richard Spencer, uno de los líderes del alt right indicó que no debe permitirse a las mujeres involucrarse en puestos del gobierno porque "su sed de venganza no tiene límites".

Pero hay otro problema. Igual que muchos otros movimientos de extrema derecha en Estados Unidos, el Alt right está arraigado tanto en las ideas de la superioridad blanca como de la superioridad masculina.

Y las mujeres, tanto las de raza blanca que simpatizan con la ideología como las mujeres en general, suelen ser blanco de ataques misóginos y son consideradas seres inferiores y "una amenaza al poder de los hombres".

Richard Spencer, el supremacista que dice haber inventado el término Alt-right y quien es uno de los principales promotores del movimiento, escribió en Twitter en 2008 que "no debe permitirse a las mujeres participar en asuntos de política exterior" porque "su ansia de venganza no tiene límites".

Y Andrew Anglin, fundador del sitio web supremacista Daily Stormer, declaró en una ocasión que los úteros de las mujeres blancas "nos pertenecen a los hombres de la sociedad".

Contra el feminismo

En un reportaje sobre las mujeres de extrema derecha en la revista Harper's, Seyward Darby, afirma que "Lokteff es una guerrera apasionada por el Alt-right, lo más cercano que tiene el movimiento a una abeja reina".

Protesta
Los grupos de extrema derecha suelen ser condenados por racistas y misóginos.

Según Darby, muchas mujeres se han unido al movimiento porque están en contra del feminismo.

"Sienten que la agenda progresista del feminismo no cumple sus propósitos", afirma Darby. "Y en algunos casos sienten que (el feminismo) está activamente ignorándolas porque lo que ellas desean son las cosas más tradicionales: el hogar, la familia, etc.".

La misma Lokteff asegura que "las mujeres modernas son muy infelices debido al feminismo y a la igualdad que han alcanzado en ciertos aspectos con los hombres".

"Lo que ha ocurrido es que con el llamado feminismo y la llamada liberación lo que se ha logrado es que las mujeres tengan que trabajar y perseguir carreras", afirma.

"Y llegan a los 40 años y se dan cuenta de '¡qué horror! no tengo una familia, no tengo hijos, no tengo un hombre y me siento muy muy sola'".

"Lo oigo todo el tiempo de mujeres que me escriben y me dicen que se arrepienten de no haber tenido hijos y de haberse dejado llevar por la idea de que no necesitaban a un hombre y de que querían competir con los hombres en la fuerza laboral".

"Esto no ha hecho felices a las mujeres. Porque no priorizaron sus objetivos, porque se olvidaron de la prioridad, que es tener una familia ".

"El feminismo ha considerado esta idea como si fuera diabólica y miran a las madres y amas de casa con desprecio".

"Tres deseos"

La capacidad de elección para las mujeres, cree Lokteff, no es importante. Lo principal, según su ideología, "debe ser el futuro de la sociedad blanca".

"Y además agrega las mujeres realmente solo queremos tres cosas: ser bellas, atraer a un hombre exitoso que nos proteja y tener una familia".

"¿Qué mujer no quiere eso? Esa es la verdad… aunque muchas mujeres lo nieguen, todas queremos ser bellas y que te proteja tu hombre".

Estos son los valores que, según Lokteff, están atrayendo a muchas mujeres al movimiento nacionalista blanco.

Y ella, con su programa de radio y sus conferencias está propagando el mensaje "con mucho éxito" entre las mujeres blancas estadounidenses, dice.

"Las mujeres atraemos a otras mujeres y yo estoy atrayendo a muchas seguidoras", le dice a BBC Mundo.

Por lo difuso del movimiento, es difícil saber cuántos miembros tiene el Alt-right y cuántos de ellos son mujeres.

Pero tal como señalan los expertos, es un hecho que la supremacía blanca en Estados Unidos está en aumento y las mujeres están jugando un papel clave en la organización.

Porque como afirma la periodista Sayward Darby, "son ellas las encargadas de perpetrar la raza blanca, nutrir a la familia e inculcar en esas familias sus creencias en favor de los blancos".

Luz verde judicial a la ofensiva para intentar salvar a los dreamers, los inmigrantes indocumentados que llegaron de niños a Estados Unidos. Un juez federal ha permitido a 16 Estados y el Distrito de Columbia demandar al Gobierno de Donald Trump para tratar de revertir su decisión de acabar con el programa DACA, que protege de la deportación a ese colectivo y que se ha convertido en un caballo de batalla de los grupos migratorios.

El Departamento de Justicia anunció en septiembre el fin de la directiva del Gobierno de Barack Obama, que concede permisos temporales de residencia legal en EE UU para unos 800.000 inmigrantes adultos para trabajar, estudiar o servir en el Ejército. El programa está previsto que finalice el próximo 5 de marzo. En un difícil juego de equilibrios, el presidente Trump —cuya política de mano dura en inmigración le catapultó a la Casa Blanca— ha instado al Congreso a aprobar una ley que impida la deportación de los dreamers a cambio de adoptar políticas restrictivas en seguridad, como su proyecto de construcción de un muro fronterizo con México.

Tras el anuncio del Gobierno, una decena de Estados —gobernados por demócratas como Nueva York y Virginia pero también republicanos como Massachussetts y Iowa— anunciaron que lo recurrirían. El Departamento de Justicia pidió que se desestimara ese recurso alegando que el programa de Obama era “inconstitucional” porque se aprobó en 2012 por decreto y también porque el desmantelamiento de DACA iba a ser gradual. 

Sin embargo, Nicholas Garaufis, juez federal de Brooklyn, permitió el jueves que el recurso siguiera adelante. El magistrado consideró válido el argumento de los Estados de que el fin del programa migratorio afectaría a empresas y universidades, y calificó de “no persuasiva” la opinión del Gobierno de que la protección a los dreamers no puede revisarse legalmente.

El recurso esgrime que la decisión del presidente republicano es discriminatoria, lo que vulneraría la protección de igualdad bajo la ley amparada por la Constitución. El juez Garaufis permitió que ese recurso prosiguiera, así como otro de un inmigrante de 26 años, que a los seis años llegó a EE UU desde México, que ha demandado la rescisión de su permiso de trabajo en 2015.

En paralelo, otros cuatro Estados, demócratas y republicanos, han interpuesto en la justicia de California otro recurso contra el plan de Trump.

El futuro de los dreamers es un asunto de elevada carga política, económica y social en EE UU, que corre el riesgo de girarse en contra de Trump. Un 82% de los votantes, incluidos cerca de un 70% de republicanos, opina que los dreamersdeberían poder quedarse legalmente en EE UU y solicitar la ciudadanía, según una encuesta de finales de septiembre de la Universidad Quinnipiac. Un 10% considera que deberían ser forzados a abandonar EE UU y un 6% cree que deberían poder quedarse en el país pero sin convertirse en ciudadanos de pleno derecho. 

Las tensiones entre Estados y Gobierno federal son una constante de la historia de EE UU. Durante los ocho años de Gobierno del demócrata Obama, fueron frecuentes los recursos judiciales de Estados mayoritariamente conservadores contra decretos aprobados por la Casa Blanca, desde asuntos migratorios a medioambientales. En los nueve meses de presidencia de Trump, la batalla judicial de Estados progresistas, como California y Washington, ha logrado a paralizar en tres ocasiones un veto a la entrada a EE UU de inmigrantes de países musulmanes.

JOAN FAUS

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