Las autopistas del cerebro

Ciencia
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Dice la «wiki» que una autopista es una vía de circulación rápida que admite un volumen de tráfico considerable, con una serie de características que la diferencian de una carretera normal. Pues aunque parezca extraño, en el cerebro también tenemos autopistas, «caminos mentales o itinerarios muy transitados» por impulsos nerviosos que pasan de una neurona a otra y conforman nuestros hábitos, buenos o malos, explica Álvaro Pascual-Leone, director del Centro Berenson-Allen de Estimulación Cerebral No Invasiva de Boston.

«Los caminos mentales que creamos pueden conducir a hábitos buenos y malos. Si desarrollamos una postura corporal nos será difícil corregirla. Si desarrollamos buenos hábitos, estos también se asientan en nuestro comportamiento», señala.

Cada día, con cada pensamiento, con cada gesto, con cada acción vamos configurando el «mapa de carreteras» de nuestro cerebro. Cuanto más los repitamos, más afianzados quedarán los caminos. Si cada vez quealguien nos lleva la contraria nos enfadamos mucho y gritamos, esa forma de actuar se irá esculpiendo en el cerebro y cada vez hará falta menos para hacernos «saltar».

Como ocurre con la construcción de cualquier carretera, cambiar una de esas rutas del cerebro requiere esfuerzo. Es por eso que modificar los hábitos -por ejemplo la forma de reaccionar cuando nos contrarían- es una de las tareas más difíciles para las personas. «No es sencillo porque una vez que hemos creado esos caminos en el cerebro se vuelven realmente veloces y muy eficaces y tomar uno distinto se hace más difícil. Hace falta bloquearlos de alguna manera», explica Pascual-Leone.

Pero la buena noticia es que puede hacerse. El secreto consiste en repetir el nuevo hábito que queremos adquirir hasta que nos salga de forma automática. Eso significa que hemos abierto una nueva ruta en el cerebro que sustituye a la anterior, que nos conducía a destinos no deseados.

Y todo esto podemos hacerlo gracias a la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para cambiar.

El cambio es posible porque el cerebro está hecho de un «tejido» especial -las neuronas-, que ceden inmediatamente a las influencias externas, «pero no del todo, sino sólo un poco y presentan cierta resistencia. Y una vez inducido un pequeño cambio es más difícil volver a inducir otro», aclara Pascual-Leone. Traducido a la vida diaria, significa que para hacer un gran cambio, hemos de ir paso a paso, hasta lograrlo.

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