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Carmelo Mesa-Lago: “El Gobierno cubano entró en pánico tras la visita de Obama”

Opinion
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Carmelo Mesa-Lago (La Habana, 1934) ha pasado buena parte de su vida intentado abrir una brecha de sensatez en el muro de despropósitos con el que el régimen castrista ha terminado por hundir en la quiebra al que era, en los años 50, el país latinoamericano más desarrollado después de Argentina y Uruguay. Catedrático emérito de la Universidad de Pittsburgh (Pensilvania), acaba de presentar en Madrid el único estudio sobre el sector privado en Cuba (Voces de cambio en el sector no estatal cubano, Iberoamericana-Vervuert), realizado a partir de entrevistas con 80 sufridos cuentapropistas. Armado con los mejores datos estadísticos, este economista ve con perplejidad cómo las reformas económicas anunciadas por Raúl Castro en 2010 se van diluyendo (“el Gobierno da un paso adelante y cuatro para atrás”) y cómo el país está perdiendo la oportunidad que le brindó el restablecimiento, el año pasado, de las relaciones bilaterales con Estados Unidos. Justamente esa mano tendida de Barack Obama sembró el pánico en el Gobierno, que teme que la apertura económica conduzca al cambio político. Ahora las reformas se frenan, no hay inversiones y la crisis de Venezuela, que relevó a la URSS como sostén económico de Cuba, aboca al país al desastre. 

PREGUNTA.¿Está Cuba entrando en un nuevo “periodo especial” [eufemismo para describir la etapa de penurias que siguió a la caída de la URSS y el fin de las ayudas a Cuba]?

RESPUESTA. La situación es parecida, pero no tan dramática, porque la dependencia de la Unión Soviética era mucho mayor que la de Venezuela. Dicho esto, el volumen comercial con Venezuela ha caído notablemente (del 42% al 27% en 2015) y el suministro de petróleo ha pasado de 105.000 barriles diarios a 55.000 barriles. Cuba vendía una parte de ese petróleo en el mercado mundial, y era un ingreso importante que también ha caído a la mitad. Y el tercer ingreso que ha caído es el más importante: la venta de servicios profesionales (médicos, enfermeras, maestros), que pasó de 11.000 millones de dólares en 2013 a 7.000 millones. En 2015, el crecimiento del PIB fue del 4,4%. En 2016, fue del -0,9%. Todo apunta a una crisis muy fuerte, pero no creo que llegue al grado del periodo especial.

P. Al menos, dentro de esta economía parasitaria, queda el turismo.

“El Ejército, con su poder económico, pone trabas a las reformas. Es como un Midas al revés. Todo lo que toca lo convierte en basura”

R. Hay un boom, por primera vez pasaron de los cuatro millones de turistas y obtuvieron alrededor de 4.000 millones de dólares. El problema es que a ese ingreso bruto hay que restarle el valor de las importaciones de mercancías y bienes para los turistas. Cuba tiene que importarlo todo. Y ese dato ya no lo publican. Entonces no son 4.000 millones. Es menos, pero no sabemos cuánto.

 
. Pese al anuncio del plan de inversiones y el viaje de Obama, la inversión extranjera no llega y el puerto de Mariel, la gran apuesta brasileña, está bastante inactivo.

R. Es inexplicable. Cuba necesita por lo menos 2.500 millones de dólares al año. Hasta el mes pasado había unas 450 propuestas para inversión extranjera, parte de ellas de empresas ya establecidas en Cuba. Y apenas han aprobado una veintena. Según sus cifras, desde la apertura del puerto de Mariel la cifra acumulada no llegaba a 2.000 millones de dólares. ¿Por qué hacen eso? Para mí no tiene sentido.

P. ¿Pero qué puede ofrecer Cuba, más allá de mano de obra barata? El aparato productivo está destruido.

R. La infraestructura es un desastre. Y la mano de obra, que es cualificada, es extremadamente lenta. Para la construcción del hotel Manzana, Kempinski llevó trabajadores de India porque eran más productivos. El problema es que el trabajador cubano cobra muy poco y en pesos cubanos (CUP), y tiene que comprar la mayoría de las cosas en moneda convertible (CUC), y no le llega. No tiene incentivo, y es un círculo vicioso. Entre 1989, el año anterior a la crisis, y 2015, el poder adquisitivo de los cubanos cayó en más de un 70%.

P. ¿Y cuándo van a resolver el problema de la doble moneda?

R. Raúl lo ha anunciado muchas veces y hace dos años sacaron una resolución complicadísima, llena de ecuaciones. Pero no pasó nada. El problema es que la inflación rondará este año el 12%, es bien alta. Y la unificación de la moneda, por sí misma, genera inflación. Así que yo veo difícil que lo hagan a corto plazo. Además, primero tienen que hacerlo en el sector estatal, y ahí va a haber empresas que dejarán de ser sostenibles, y luego viene la población. Va a ser un proceso más largo que en Vietnam y probablemente que en China.

P. ¿Cuántos trabajadores ha despedido el Estado desde que se iniciaron las reformas?

R. Anunciaron que entre 2010 y 2015 iban a despedir a 1,8 millones de trabajadores innecesarios, pero al final fue medio millón. El sector privado no avanzó con la rapidez que se necesitaba para crear todos esos empleos, y habría habido una explosión social.

P. ¿Pero por qué la actividad privada crece tan lentamente?

R. Por todas las trabas que hay. Es como si la mano derecha hiciera una cosa y la mano izquierda hiciera otra. Hay muchas actividades que el Gobierno ha cerrado o rescindido: venta de ropa, salas de cine 3D... ahora han empezado a regular precios en los taxis y la venta de casas, y a dificultar el mercado libre agropecuario. La fiscalidad es brutal. Hay como siete impuestos. El Gobierno castiga al que tiene éxito y puede ayudar al Estado a resolver sus problemas. No es lógico.

P. ¿Y cómo lo explica?

R. La única explicación que tengo es que en Cuba no hay una dirigencia unificada con un solo criterio, sino que hay un grupo que se resiste. La visita de Obama tuvo un impacto muy positivo en la población, pero el Gobierno entró en pánico. Desde ahí hay una parálisis. El grupo más duro, más ortodoxo, salió reforzado.

P. ¿Las Fuerzas Armadas están poniendo trabas?

R. Sí, y el partido, pero el Ejército es más importante porque tiene el poder económico. Y es como un Midas al revés. Todo lo que toca lo convierte en basura... Restaurantes, hoteles... Es impresionante.

P. Los cuentapropistas entrevistados coinciden en sus problemas: la escasez y carestía de los insumos, el exceso regulatorio, los impuestos, el difícil acceso a Internet....

R. Sí, y a pesar de las continuas cortapisas del Estado, el 80% está satisfecho con lo que hace (aunque no con lo que gana). Y el 93% obtuvo beneficios, y la mayoría los reinvirtieron en el negocio. Eso es extraordinario.

P. ¿El equipo en el poder será capaz de hacer alguna vez la transición?

R. Si Raúl Castro, en diez años, no ha impulsado las reformas, dudo que su sucesor pueda tener más éxito. Predomina la lógica política sobre la económica. Y temen perder el control.

MAITE RICO

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