El viaje de Trump a Asia no cambia en nada las cosas

Opinion
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El viaje de diez días de Donald Trump a Asia ha sido más armonioso de lo esperado. Pero el presidente de Estados Unidos no se ha vuelto más predecible ni para sus socios actuales ni para China, opina Martin Fritz.

Las imágenes de televisión desde Pekín, Tokio y Seúl muestran a un Donald Trump que pareciera que estuviera visitando a viejos amigos. Con Xi Jinping fue a la ópera, con Shinzo Abe jugó al golf y con Moon Jae-in disfrutó su canción favorita, "My Way", de Frank Sinatra. Los anfitriones sacaron a relucir todo su encanto, lo que el invitado no titubeó en alabar. La visita, en resumidas cuentas, ha trascurrido sin ningún tipo de contratiempo ni diatribas en Twitter que perturbasen la armonía general de estos diez días.

Tono moderado

En sus declaraciones respecto a Corea del Norte, Trump se ha mantenido sorprendentemente templado, renunciando a sus usuales desaprobaciones personales hacia el líder norcoreano Kim Jong-un. No solo ha evitado llamarlo "pequeño hombre-cohete", sino que hasta le ha ofrecido un "trato". El déficit comercial de los tres países asiáticos con Estados Unidos ha sido criticado por Trump de "unilateral" e "injusto". Pero acuerdos millonarios con China y mayores compras de armas estadounidenses por parte de Japón y Corea del Sur han hecho nuevamente de Trump un presidente conciliatorio.

Este espectáculo ha funcionado especialmente bien porque a nadie en Asia le gusta que lo desprestigien en su propia casa. Así que agasajaron el ego de Trump con aplausos, pomposos desfiles y gestos cursis para garantizar que no surgieran problemas. No obstante, la otra cara de este suave trato es que después de la partida de Trump, los temas centrales que conciernen a Asia se mantienen intactos. Japón y Corea del Sur, por ejemplo, aún temen un ataque militar de Estados Unidos contra Corea del Norte que podría resultar en contraataques en sus propios territorios. Del mismo modo, China sigue sin estar segura si Estados Unidos, bajo Trump, continúa siendo una gran potencia en el Pacífico y si este quiere frenar, como ha hecho hasta la fecha, la influencia china en Asia.

En el pasado, los líderes en Pekín, Tokio y Seúl estaban acostumbrados a ver al presidente de Estados Unidos como el líder de Occidente y del mundo, quien defendía los valores de la democracia y los derechos humanos, al menos en aras de la formalidad. Pero para Trump, solo existe el "Estados Unidos primero". Lo que esto significa para la política exterior y de seguridad, es posible que ni siquiera él lo sepa exactamente. Más allá de Corea del Norte y las cuestiones comerciales, no ha presentado estrategias ni objetivos concretos. Trump tan solo ha buscado quedar bien, presentando una buena imagen. Y sus anfitriones se lo han permitido libremente, todo bajo el lema de "Trump primero".

 

Estados Unidos sigue siendo impredecible

Todo esto no significa otra cosa que el Estados Unidos de Trump sigue siendo impredecible. El hecho de que la arquitectura de seguridad en el este de Asia ya haya sido creada anteriormente por Washington y que se haya conservado desde entonces, es algo que a Trump no le interesa ni parece entender. Él solo ve la carga que implica este alto gasto militar. Por lo tanto, Japón y Corea del Sur seguirán temerosos, después de esta visita, de ser traicionados por su anterior santo patrón, Estados Unidos. Incluso la admiración de Trump por el gobernante chino Xi es recibida en Tokio y Seúl con recelo. Y es que al fin y al cabo, el autócrata ha decidido seguir el camino de la diplomacia con un toque chino.

Aun así, los líderes en Pekín no tienen certeza de que bajo Trump el orden mundial cambie a su favor. Y aunque es cierto que la salida estadounidense del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y la poca oposición de Estados Unidos con respecto al "nuevo camino de la seda" juega a favor de China, la disputa sobre el programa nuclear de Corea del Norte podría obligar a Trump a participar aún más que antes en Asia. Lo que podría llegar a desencadenarse en un enfrentamiento directo con Pekín; una guerra comercial entre China y Estados Unidos puede estallar en cualquier momento, sobre todo si Trump quiere impresionar a sus votantes. Así, y a pesar de las bellas imágenes del viaje del mandatario estadounidense a Asia, esta visita de Estado no cambia en nada las cosas.

Autor: Martin Fritz (FEW/DZC)

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