Cuba, en crisis

Economia
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A la espera del cambio de liderazgo previsto para febrero de 2018, la economía cubana resiste cada vez más débil la caída de Venezuela, el huracán ‘Irma’ y las medidas de Donald Trump. 

EL PIB de Cuba se redujo un 0,9% en 2016, el primer declive en 24 años después de la crisis de la década de los noventa. A mediados de 2017, las autoridades anunciaron con júbilo que en el primer semestre se había detenido el descenso y que el PIB había aumentado el 1%. Esto fue antes de los dos huracanes que azotaron Cuba en el segundo semestre del año: Irma y Trump. Pero los problemas venían desde antes y Cuba sufre de nuevo otra severa crisis. Aquí analizamos su magnitud, sus causas y posibles alternativas, basados primordialmente en estadísticas cubanas.

La economía y los servicios sociales cubanos alcanzaron su cénit en 1985-89, antes del colapso de la Unión Soviética y Europa del Este, cuando los servicios se colocaban a la cabeza de América Latina y de varios países socialistas. La crisis de los noventa (el denominado Periodo Especial), la peor desde la Gran Depresión de los años treinta, revirtió dichos logros y, en 2016, la mayoría de los indicadores seguían muy por debajo de la cima alcanzada en 1985-89. La inversión relativa al PIB bajó del 25% al 9%; el índice industrial era un 41% inferior, la producción azucarera un 80%, y el níquel un 29%. El salario medio real (ajustado a la inflación) en el sector estatal cayó el 61% y la pensión promedio real el 50%. Aunque el empleo declarado bajó al 2% (el menor en Latinoamérica), sumado al subempleo configuraba el 28,5% de la fuerza de trabajo. La desigualdad en el ingreso creció sustancialmente; por ejemplo, en 2017 el ingreso de un paladar (restaurante privado) era 284 veces el salario medio estatal y el de una mansión alquilada a turistas suponía 424 veces ese salario.

Para 2017 se proyecta un déficit fiscal del 12% del PIB, el mayor desde 1994, el segundo peor año de la crisis. Después de alcanzar el 12% en 2006, la tasa de crecimiento del PIB promedió un 2% anual entre 2009 y 2016, y este año mermó el 0,9%. Es probable caiga de nuevo en 2017. La Comisión Económica para América Latina (Cepal), que usualmente sobrestima el crecimiento cubano, ha reducido su pronóstico al 0,5%, mientras que antes del segundo semestre Cuba Standard vaticinó una caída de al menos el 0,3%. The Economist predice una reducción del PIB del 0,4%.

El sector externo sufrió un golpe entre 2010 y 2016. Las exportaciones se contrajeron el 56% (por la caída en la producción interna y en los precios internacionales de azúcar y níquel), mientras que las importaciones lo hicieron el 30% (por el descenso en las exportaciones, la falta de liquidez y el acceso limitado al crédito externo), por lo cual se redujeron los insumos para la industria y la agricultura. El déficit de bienes bajó por el fuerte recorte en las importaciones, pero todavía rondaba los 8.000 millones de dólares. Por el contrario, las exportaciones de servicios (profesionales y turismo) alcanzaron un máximo de 13.000 millones en 2013. Con ello, no solo se compensó el déficit de bienes, sino que se generó un superávit de 2.774 millones. Pero en 2016 se habían reducido un 23%. Como resultado, la balanza de bienes y servicios menguó un 52%. 

. Aunque la ayuda venezolana a Cuba no ha desaparecido, como ocurrió con la antigua Unión Soviética en 1991, ha disminuido sustancialmente: el suministro de petróleo bajó de un cénit de 105.000 barriles diarios a 77.000 en 2016, y virtualmente se detuvo la exportación de crudo para la refinería de Cienfuegos; el intercambio comercial entre Venezuela y Cuba pasó del 40,5% en 2014 al 28,7% en 2015; y la venta de servicios profesionales se redujo un 18%.

 Carmelo Mesa

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