Urbes y avances tecnológicos, la cara de la desigualdad en el siglo XXI

Economia
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La tecnología se ha instalado en nuestra vida cotidiana y parece imposible prescindir de ella. Está incluso debajo de nuestros tejidos, bajo la piel. Ya hay algunas empresas que implanta un chip a sus trabajadores para abrir y cerrar puertas o entrar a los ordenadores, como es el caso de NewFusion en Bélgica o Three Square Market en Estados Unidos. Ello recuerda a las profecías de Orwell pero Tim Pauwels, socio director de la compañía belga, aseguraba que “no eran Gran Hermano” y que “no podían rastrear a los empleados”.

Incluso las guerras se libran en el campo virtual. La OTAN registra 500 ataques al mes a su sistema informático y se ha hablado mucho últimamente de la injerencia de los hackers en las campañas electorales, y hasta se les ha acusado de condicionar los resultados. En Europa había temor en las citas electorales de este año y en EE.UU. casi un año después de los comicios el tema sigue candente.

 

En un primer momento se creía que internet y la tecnología servirían para que hubiera más democracia e igualdad en el mundo. Todos estaríamos conectados. Pero la desigualdad no ha desaparecido. Y países como China limitan el acceso en momento críticos. Además, mientras las potencias siguen disputándose el poder en el nuevo orden mundial, el sector digital en un abrir y cerrar de ojos también se han hecho con parte del control. Las empresas más poderosas del mundo ya no son las grandes entidades financieras, petroleras o la empresa armamentística. Son las tecnológicas que concentran poder y acumulan una ingente cantidad de datos que nosotros, los usuarios, les proporcionamos de forma gratuita y casi inconsciente. Además, están entrando en otros sectores de la empresa tradicional y acaban haciéndose con el control del mercado. Desde los años setenta se dice que estamos en la era de la información. Ahora, del big data y los algoritmos.

El dato

IBM calculaba en 2012 cada día producimos 2,5 trillones de bytes de datos

Hay quien dice que internet ha ayudado a descentralizar el poder, a ejercer un mejor control, etc. Pero en plena crisis económica, desde 2008, y con los mayores avances tecnológicos, la desigualdad, en cambio, ha crecido. La FAO reveló este viernes que el hambre ha aumentado en el mundo por primera vez desde 2003. Afecta a 815 millones de personas por los 777 millones que había en 2015.

Jaron Lanier, experto en informática y autor de ¿Quién controla el futuro? (2014) afirma que ahora la empresa más poderosa es la que tiene mejor tecnología y ello se puede extrapolar a los demás sectores. También a las ciudades más tecnológicas. El poder tecnológico está repartido en muy pocas manos. Como en la economía -son dos caras de una misma moneda, o de un cuerpo poliédrico- hay una minoría (siempre se señala el 1%) que tiene el control sobre el resto (99%). Lanier propone que deberíamos cobrar, ya que al usar los productos que nos ofrecen estas empresas de forma gratuita les estamos dando dinero. Consumimos publicidad y les proporcionamos información. Nuestros datos.

IBM calculaba en 2012 cada día producimos 2,5 trillones de bytes de datos. Es posible que la cifra haya crecido.

La frase

Un ordenador de primer nivel puede proporcionar riqueza e influencia ilimitadas a su afortunado propietario, y ser causa de inseguridad, austeridad y desempleo para los demás”

JARON LANIER

Experto en informática y escritor

“Quien disponga del ordenador más potente se hará con la superioridad informacional. Los hombres son creados iguales, pero los ordenadores, no. Un ordenador de primer nivel puede proporcionar riqueza e influencia ilimitadas a su afortunado propietario, y ser causa de inseguridad, austeridad y desempleo para los demás”, escribe Lanier. “En el pasado, el poder y la influencia se lograban gracias al control de algo que la gente necesitase, como el petróleo o las vías de comunicación. Hoy en día tener poder significa poseer la superioridad informacional, obtenida mediante el control del ordenador más efectivo de una red”, prosigue el autor, que apuesta por cambiar el modelo digital mundial y no permitir que el poder se concentre en manos de quien posee la tecnología puntera en cada ámbito.

Lanier recuerda que en los últimos años, sobre todo desde la llegada de los teléfonos móviles y las tabletas, hemos aceptado la norma tácita de que para usar estos dispositivos debemos ceder nuestra información a las empresas del sector. Éstas recaban toda la información que les proporcionamos, la analizan y sacan sus propias conclusiones e incluso crean nuevas necesidades que antes no teníamos para que el sector siga creciendo y hacer negocio. No es posible usar estos aparatos sin registrarnos.

La frase

A medida que confiamos más y más en la red para nuestra vida personal y profesional , los que mandan en este campo se van convirtiendo en los nuevos emperadores”

TOM FLETCHER

Exembajador británico

“Más de 3.000 millones de personas están conectadas a internet. A medida que confiamos más y más en la red para nuestra vida personal y profesional , los que mandan en este campo se van convirtiendo en los nuevos emperadores”, escribía en Vanguardia Dossier este mes de marzo Tom Fletcher, exembajador británico y docente universitario. Ello explica el interés de Marck Zuckerberg, fundador de Facebook, en que internet se extienda por India o África.

La meca de la tecnología está en Silicon Valley, en San Francisco, donde están instaladas las grandes multinacionales del sector. Prueba de su importancia es que ya hay un país que tiene instalado allí un embajador, Dinamarca, desde el 1 de septiembre de este año. Pero esa decisión (sin precedentes y que puede abrir el camino para que otros países hagan lo mismo), va más allá de la importancia económica... confirma el poder que Facebook, Google, Amazon, Alibaba, Apple o Microsoft ostentan en un mundo cada vez más global, conectado y, aunque paradójico, más amurallado.

Si hablamos de ciudades -la ONU prevé que en 2050 el 66% de la población mundial viva en áreas urbanas-, sucede algo similar. Aplicando esta lógica, las ciudades más tecnológicas serán las más poderosas en el futuro, si no lo son ya en el presente. Y si no son las más poderosas, las más ricas. Casi todas ellas están en Occidente. África, por el contrario, sigue siendo un agujero oscuro en el mapa.

La agencia de innovación y datos 2thinknow elaboró un listado con las 25 ciudades más tecnológicas del mundo para el Foro Económico Mundial, y la única española que aparece en ese ranking es Barcelona, que ocupa el puesto número 24 del listado, por delante de Washington, la capital estadounidense. El índice se elabora con las empresas registradas en las ciudades, las starts-up, las patentes y otros índices de innovación, población, etc.

Como no podía ser de otro modo, la más tecnológica es San Francisco, seguida de Nueva York y Londres. Entre las 25 ciudades hay siete estadounidenses y tres canadienses. América Latina, Oceanía, África y Oriente Medio no tienen ninguna ciudad en el ranking. Por empresas, entre las 50 más importantes del mundo del sector, sólo hay cuatro europeas.

El mapa de la tecnología nos adelanta el futuro de la geopolítica global.

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