El lado oculto de la planta del salón

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Es habitual pensar en ellas como seres insensibles, aburridos, previsibles o inactivos. Pero nada más alejado de la realidad. Cuando nos acercamos a oler la flor de esa planta, aparentemente inerte, no es más que una respuesta a todo un acto de comunicación con colores, olores y sustancias químicas que hace que nos sintamos atraídos hacia ella. Hay palmeras capaces de caminar, plantas solidarias que echan una raíz a las vecinas que necesitan agua o alimento, otras a las que les gusta desayunar carne, o cocoteros aventureros que surcan los mares del Sur, cual piratas. ¿Tiene dudas sobre si la planta que contempla en su salón es fascinante? Los siguientes 10 argumentos se las pueden despejar.

Las plantas son inteligentes Tras las hojas y raíces de las plantas que habitan en nuestra casa hay un mundo fascinante de estrategias para sobrevivir y tener presencia en el planeta. Los seres vegetales utilizan técnicas sorprendentes para transportar su polen lo más lejos posible. “Hay plantas que se dispersan por el viento, otras por el agua o a través de los animales, pegadas a su piel, pelo o pezuñas. De hecho, el velcro, es un invento copiado del mundo vegetal”, añade Pardo. La capacidad de adaptación de los seres vegetales es sorprendente y una característica inherente a la inteligencia. “Son brillantes a la hora de adoptar soluciones frente a las dificultades inherentes a su existencia y conscientes de lo que son y de lo que las rodea”, añade Mancuso.

2. Las plantas son inteligentes Las plantas son inteligentes Tras las hojas y raíces de las plantas que habitan en nuestra casa hay un mundo fascinante de estrategias para sobrevivir y tener presencia en el planeta. Los seres vegetales utilizan técnicas sorprendentes para transportar su polen lo más lejos posible. “Hay plantas que se dispersan por el viento, otras por el agua o a través de los animales, pegadas a su piel, pelo o pezuñas. De hecho, el velcro, es un invento copiado del mundo vegetal”, añade Pardo. La capacidad de adaptación de los seres vegetales es sorprendente y una característica inherente a la inteligencia. “Son brillantes a la hora de adoptar soluciones frente a las dificultades inherentes a su existencia y conscientes de lo que son y de lo que las rodea”, añade Mancuso.

3. Hablan entre ellas y con los animales La comunicación entre las plantas también tiene sus propios códigos. “Pero no por ser diferentes, resultan menos elaborados o eficaces que los nuestros”, comenta el etnobotánico Manuel Pardo que menciona “la riquísima variedad de señales: olfativas o visuales” que utilizan las plantas para mandar mensajes como: "acércate, huéleme, come mi sabroso polen". Las plantas también comunican señales de socorro para sobrevivir. Es el caso que describe Daniel Chamovitz, investigador y director del Centro Manna para la Biociencia de las Plantas de la Universidad de Tel Aviv (Israel). Hay árboles, como las acacias, que cuando detectan la invasión de insectos o mamíferos herbívoros que ponen en riesgo su vida, liberan feromonas que dan la señal, incluidos los árboles vecinos, para liberar sustancias químicas que repelen a los invasores. El olor y el color son dos potentes recursos florísticos a la hora de mandar señales olfativas (feromonas) y visuales. Cuando acercamos la nariz a una orquídea, nos sentimos igual de atraídos que un insecto que se impregna de su perfume para atraer a la hembra de su especie. No es casualidad que los perfumes humanos emulen las fragancias de las flores y utilicen sus aromas para gustar. Las flores son las grandes alquimistas de los aromas.

Se sienten a gusto entre hermanos. La genética vegetal es similar a la de los animales. La petunia tiene madre, padre, hermanos y su propia prole. Una genealogía aplicable a las plantas que los botánicos conocen bien: “Designamos a menudo como madre o hija a las plantas a la hora de referirnos a ellas”, apunta Pablo Vargas, del Real Jardín Botánico de Madrid. Las especies vegetales buscan la compañía de sus parientes para encontrar seguridad y protección. “Las plantas hablan entre ellas, reconocen a sus familiares y dan pruebas de tener caracteres distintos. Al igual que en el reino animal, en el vegetal, existen plantas oportunistas, generosas, honestas y falaces, que recompensan a quienes les ayudan y castigan a quienes tratan de lastimarlas”, asegura Stefano Mancuso en su libro  Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal .

5. Raíces, hojas y tallos con lazos familiares Se sienten a gusto entre hermanos. La genética vegetal es similar a la de los animales. La petunia tiene madre, padre, hermanos y su propia prole. Una genealogía aplicable a las plantas que los botánicos conocen bien: “Designamos a menudo como madre o hija a las plantas a la hora de referirnos a ellas”, apunta Pablo Vargas, del Real Jardín Botánico de Madrid. Las especies vegetales buscan la compañía de sus parientes para encontrar seguridad y protección. “Las plantas hablan entre ellas, reconocen a sus familiares y dan pruebas de tener caracteres distintos. Al igual que en el reino animal, en el vegetal, existen plantas oportunistas, generosas, honestas y falaces, que recompensan a quienes les ayudan y castigan a quienes tratan de lastimarlas”, asegura Stefano Mancuso en su libro Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal.

6. Las plantas duermen El descanso es esencial para su ciclo vital. Al igual que para los animales, sus biorritmos obedecen a los ciclos luminosos del planeta. Las plantas necesitan la luz solar para que su metabolismo funcione de manera adecuada y puedan llevar a cabo la fotosíntesis (proceso químico a través del que la planta obtiene nutrientes). Por la noche, las plantas reposan (aunque también hay especies nocturnas) para redistribuir las sustancias químicas que han obtenido durante el día.

7. Juegan e interactúan Juegan e interactúan Lo hacen para desarrollar y entrenar sus hojas y tallos. Las plantas tienen comportamiento social o gregario. Una multitud de girasoles puede comportarse como un solo individuo por el bien de la comunidad. Es un caso similar del comportamiento de una colonia de hormigas, un banco de peces o una bandada de pájaros. Pero, además, según explica Mancuso en su libro Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal: las plantas tienen una faceta lúdica; los girasoles jóvenes utilizan sus brotes para entrenar sus pequeñas raíces, tallos y hojas con el fin de seguir al sol en sus movimientos celestes.

8. Las plantas se mueven y mucho Hay especies de plantas que tienen más movilidad que otras. Todo depende del espacio que necesiten trasladarse o viajar para sobrevivir y cubrir sus necesidades vitales. Podemos encontrar, desde los discretos movimientos o nastias de un geranio que busca la luz del sol en el jardín, hasta las palmeras con raíces enormes, similares a las patas de una araña, que son capaces de desplazarse hasta un metro al año en busca de la luz solar. La Mimosa púdica, que reacciona al tacto con un movimiento fulminante o la que atrapa una mosca (planta carnívora) con su boca vegetal en cuestión de una fracción de segundo. “Hay plantas que viajan de Polo Norte a Polo Sur y otras que, como los cocos, se trasladan distancias kilométricas a través del mar hasta llegar a una playa donde echar raíces”, explica Pablo Vargas, investigador del CSIC.

9. Algunas son como fábricas químicas Peyote, ayahuasca o adormidera (de la que se obtiene el opio y sus derivados, como la morfina) son algunos nombres de las alquimistas vegetales que crean sustancias que “resultan ser un veneno defensivo frente a depredadores e invasores, pero que en su justa dosis, se convierten en aliados para su uso terapéutico”, explica Manuel Pardo. Y es que, las plantas son “fábricas químicas con un metabolismo muy complejo, capaces de elaborar colores, olores y muchos tipos de sustancias”, matiza Pardo. Pequeñas boticas verdes para aliviar enfermedades, como el malestar estomacal, afecciones dermatológicas o alteraciones del sueño. En el mundo vegetal “existen alrededor de 35.000 especies de plantas medicinales, que representan el 15% del total de las especies vegetales del planeta, y todavía quedan muchas por descubrir”, apunta Manuel Pardo. Manzanilla, para el mal de estómago, tila para dormir como un bebé, quina contra la malaria o aloe vera para tener una piel sana.

CAROLINA PINEDO

 

 

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