Detrás del precio de las medicinas

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La farmacéutica suiza Novartis ha comprado por 3.445 millones de euros la empresa francesa AAA que produce y comercializa terapias innovadoras de medicina nuclear molecular contra el cáncer.

Esta ha sido la última muestra de la dura competencia en la industria por avanzar posiciones en la carrera de los tratamientos oncológicos. Casi no hay mes en que el sector no anuncie una nueva operación corporativa. No es casual. AAA ha desarrollado, entre otros, el Lutathera, un fármaco contra tumores neuroendocrinos, un tipo de enfermedad poco frecuente y que acabó en 2011 con la vida del fundador de Apple, Steve Jobs.

El problema es que esas panaceas contra el cáncer tienen precios prohibitivos. Un solo tratamiento de la nueva medicina de Novartis, Kymriah, la primera terapia genética contra el cáncer, ya aprobada por las autoridades sanitarias de EEUU, costará 475.000 dólares. Los expertos esperan que la terapia CAR-T aumente la tasa de supervivencia de una agresiva leucemia infantil, la linfoblástica.

Según Novartis, el alto grado de efectividad del Kymriah, su inversión de 1.000 millones de dólares en I+D y el reducido mercado al que está dirigido justifican el precio. Sin embargo, no ha podido eludir el escándalo. Sobre la compañía llueven acusaciones de escudarse en las inversiones en I+D cuando está claro que la mayoría de esos fondos provinieron de entidades públicas. En el caso del Kymriah, Novartis se benefició de inversiones de 200 millones de dólares en las investigaciones de la terapia CAR-T.

Un modelo en el que las mismas medicinas subvencionadas por los contribuyentes sean luego inaccesibles para el propio sistema sanitario estatal es insostenible democráticamente. Esta contradicción está generando un debate sobre las nuevas formas de exclusión que fomenta una medicina reservada solo a quienes pueden pagarla, algo inaceptable en la UE, cuyos Estados asumen la mayor parte de la factura sanitaria.

Por ello, la reputación de la industria farmacéutica se deteriora con rapidez, entre otras cosas por los ataques de los activistas, que la acusan de comerciar con la salud aumentando precios cuando se confirma la eficacia de sus medicamentos.

La Comisión Europea ha anunciado una investigación sobre si la farmacéutica surafricana Aspen Pharmaabusó de posición dominante en el mercado comunitario para manipular los precios de cinco medicamentos. En represalia, Aspen ha retirado el producto de algunos países comunitarios. En EEUU, el Congreso ha pedido la comparecencia de directivos de Valeant Pharmaceuticals International para que expliquen un aumento del 525%, difícilmente justificable, del fármaco Nitropress.

El aumento de precios se debe, entre otros factores, a la medicina personalizada y a sofisticados tratamientos de inmunoterapia que actúan como vacunas. Según los inversores, sin esos precios las farmacéuticas no podrían presentar beneficios a sus accionistas. En los últimos años el sector no funciona en bolsa debido al avance de los genéricos y a los cada vez más reducidos periodos de tiempo que tienen las compañías para explotar medicinas que tardan años en desarrollarse y en lograr la autorización de los reguladores.

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