La sucesión de Raúl Castro para que todo siga igual

CUBA
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Cuba se enfrenta en 2018 a la sucesión de Raúl Castro, que acaba así dos mandatos, con un sinfín de incertidumbres y una sola certeza: la revolución castrista continuará su camino pese a los obstáculos económicos. Ese es el objetivo del proceso abierto hace meses por el régimen, cuya primera etapa se concretará con las elecciones municipales del día 26.

Una encrucijada histórica que no llega en buen momento para la isla, con las reformas congeladas, al borde de la recesión económica y en medio de la ola de desesperanza que ha provocado el fracaso del deshielo promovido por Barack Obama. Si el momento culminante de la primavera de la nueva era entre los dos enemigos del siglo XX fue el viaje del ex presidente estadounidense a La Habana en 2016, su contraparte han sido las sanciones del gobierno de Donald Trump y el consiguiente regreso al síndrome de plaza sitiada por el imperialismo.

El elegido para conducir la nueva etapa sin Fidel y sin Raúl al frente del Consejo de Estado y del Consejo de Gobierno es el vicepresidente segundo Miguel Díaz-Canel, funcionario del Partido Comunista crecido en provincias al margen de las conspiraciones capitalinas, que se llevaron por delante a los antiguos delfines Carlos Lage y Felipe Pérez Roque.

Un nombramiento que nadie ha confirmado oficialmente. Sus últimas amenazas contra medios alternativos y el vídeo filtrado en el que ordenaba impedir que opositores pudieran concurrir a las elecciones han profundizado su perfil ortodoxo, para que nadie crea que se puede convertir en el Gorbachov cubano.

Presidente, sí; jefe, no. "No lo van a dejar ejercer como comandante en jefe. No podrá dar órdenes ni a un cabo de escuadra. Tampoco será de verás jefe de gobierno", pronostica el analista Roberto Álvarez Quiñones, uno de los mejores conocedores de las entrañas del poder cubano.

Raúl seguiría al frente del Partido Comunista y su hijo, el general Alejandro Castro, jefe de la Inteligencia y la Contrainteligencia, está llamado a ser la contraparte militar al poder civil. Sin olvidar por supuesto a los viejos militares de Sierra Maestra que, como el primer vicepresidente José Ramón Machado Ventura, han ejercido de contrapeso ortodoxo en la era de las reformas.

Reformas que tampoco llegan a las elecciones, si se las puede llamar así. El oficialismo impidió que ni siquiera uno de los 650 aspirantes opositores que se postularon a ser candidatos pasara la primera criba, cuando en 2015 sí lo consiguieron hacerlo dos de los 30 aspirantes.

Un total control político del que se escapa la economía. "Lo poco positivo que ha ocurrido en la economía en estos meses fue la aprobación de inversión extranjera directa por 2.000 millones de dólares, que puede evitar que la economía caiga en recesión. Mi pronóstico es que el PIB ni suba ni baje, se quede a 0, con tendencia negativa", resume Pavel Vidal, economista cubano y antiguo funcionario del Banco Central de Cuba (BCC).

Esa es la gran paradoja cubana: en medio siglo, Cuba se agigantó con su peso político en el continente mientras su economía se reducía año tras año y sus dirigentes se convertían en especialistas administradores de una crisis tras otra.

"Las perspectivas económicas no son esperanzadoras", resume para EL MUNDO el economista cubano Mauricio de Miranda, quien además destaca el efecto venezolano: "Caracas no está en condiciones de cumplir con sus obligaciones de pago por los servicios médicos y profesionales a Cuba, generándole a la isla una virtual crisis de liquidez", sostiene. De los 100.000 barriles diarios de la buena época, desde Venezuela actualmente se envían menos de 70.000.

  • DANIEL LOZANO