Trump se ofrece como árbitro en la disputa del mar del Sur de China

TRUMP
Typography

Un diplomático nato, precisamente, no es. A estas alturas de su mandato nadie puede dudar de que el presidente de EE UU, Donald Trump, no es ni un Talleyrand ni un Metternich. Su estilo no se basa en el uso de la sutileza y el hábil manejo de los matices. Este mismo domingo se despertó lanzando un tuit en el que se quejaba de que Kim Jong-un le llamara “viejo” y replicó acusándole a su vez de ser “bajo” y “gordo”. Pero, aún así, se ha propuesto a sí mismo como mediador en una de las disputas de soberanía más delicadas del mundo: la que enfrenta a Pekín y cinco países del sureste de Asia en las aguas del mar del Sur de China.

 

“Si puedo ayudar de algún modo, soy muy buen mediador y muy buen árbitro. He hecho un montón de eso para ambos lados. Así que si puedo ayudarles, díganmelo”, aseguró el presidente de EE UU este domingo antes de una reunión en Hanói con el presidente vietnamita, Tran Dai Quang, en la quinta etapa de su primera gira presidencial por el este asiático. Vietnam es, junto a Filipinas, uno de los países que mantiene un contencioso más agrio contra China en esas aguas.

 

Aunque China es el principal socio comercial de Vietnam, ambos países se disputan la soberanía de las islas Spratly y las Paracelso en el mar del Sur de China. Las relaciones entre ambos se distanciaron después de que en 2014 se enzarzaran en una agria disputa por la presencia de una plataforma petrolera móvil china en aguas que ambos consideran suyas.

Precisamente por la profunda suspicacia hacia su gigantesco vecino, el antiguo enemigo de EE UU en los años 60 y 70 había iniciado un marcado acercamiento hacia Washington, primero con George W. Bush y —más decididamente— bajo el mandato de Barack Obama. El aún régimen comunista se ha convertido en una de las economías cuyas exportaciones hacia Estados Unidos crecen más rápidamente y se adhirió con entusiasmo al TPP, el tratado de libre comercio transpacífico que promovió Obama para vincular las economías asiáticas con Estados Unidos.

Pero el aislacionismo que promulga Trump le ha obligado a volver a abrir el foco hacia China. Mientras el estadounidense partía hacia Manila, el presidente chino, Xi Jinping comenzaba este domingo una visita de Estado a Vietnam, la segunda en dos años.

El presidente estadounidense, que ha renunciado al TPP y ofrece a cambio meros pactos bilaterales, volvió a repetir este fin de semana que siempre antepondrá los intereses de su país. Como ya había hecho en Tokio y Seúl, en su parada en la capital vietnamita volvió a recomendar a sus anfitriones la compra de armamento estadounidense.

En una rueda de prensa conjunta con Trump, el jefe de Estado vietnamita fue preguntado acerca de la oferta de mediación de su homólogo estadounidense. Quang declinó -él sí diplomáticamente- pronunciarse. “Es nuestra política resolver las disputas en el mar del Sur de China mediante negociaciones pacíficas, y respetando el proceso diplomático y legal de acuerdo con el Derecho Internacional”, declaró.

De modo similar, en la otra orilla del mar del sur de China, se pronunciaba el presidente filipino, Rodrigo Duterte, en Manila. Esta ciudad acoge desde hoy la cumbre de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEA) y otras regionales. Todos los implicados en la disputa territorial, excepto Taiwán, estarán presentes en las reuniones.

Es mejor, afirmó Duterte, no sacar a relucir el contencioso. La disputa ha entrado en una fase menos acalorada desde su triunfo electoral en 2016 y su adopción de una política más distante del Estados Unidos de Obama —al que llegó a llamar “hijo de puta”— y de acercamiento a Pekín. Este giro llegó después de que una corte de arbitraje en La Haya se pronunciara a favor de Filipinas en julio de ese año y Pekín rechazara acatar el resultado.

“Tenemos que ser amigos; a los otros exaltados les gustaría que nos enfrentáramos a China y al resto del mundo en tantas cosas”, declaró el jefe de Estado filipino en una reunión con empresarios de la ASEAN. “Mejor no tocar el mar del Sur de China, nadie se puede permitir ir a una guerra. Malamente se puede acometer una confrontación violenta”.

Duterte tiene previsto reunirse con Trump este lunes, en el margen de la cumbre de la ASEAN. Se desconoce si el presidente estadounidense volverá a sacar a relucir en el encuentro sus aspiraciones mediadoras. Tras su oferta en Hanói, el inquilino de la Casa Blanca no ha vuelto a repetir, al menos en público, su oferta.

Pero sí ha vuelto a aludir a su tuit de queja sobre Kim Jong-un, en el que también aseguraba que intenta con fuerza “hacerme su amigo”.

Preguntado en la rueda de prensa en Vietnam sobre las posibilidades de que alguna vez comience esa hermosa amistad, Trump replicó que “la vida tiene cosas raras. Esta podría ser una cosa rara que pasara, pero desde luego es una posibilidad. Si ocurriera, sería algo bueno para Corea del Norte. Pero también sería bueno para muchos otros sitios, y sería bueno para el mundo”.

MACARENA VIDAL LIY